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La desaceleración de la inflación no alcanza para aliviar la economía de buena parte de los hogares argentinos. Aunque los precios continúan aumentando a un ritmo menor que en períodos anteriores, los gastos esenciales siguen absorbiendo una proporción importante de los ingresos y obligan a muchas familias a modificar sus hábitos de consumo.
El último relevamiento de la consultora Zentrix reveló que el 81,8% de los encuestados considera que su salario no consigue superar el aumento de los precios. La proporción representa un leve incremento respecto de agosto, cuando esa percepción alcanzaba al 81,2%.
El problema se profundiza entre los sectores de menores ingresos: casi seis de cada diez personas consultadas en ese segmento aseguran que el dinero se les termina antes de la segunda mitad del mes.
Los resultados coinciden con nuevos datos sobre inflación, vivienda y consumo que muestran las dificultades para sostener los gastos cotidianos.
La inflación de la Ciudad de Buenos Aires fue del 1,8% en septiembre, por encima del 1,7% registrado en agosto.
Sin embargo, varios de los rubros que tienen mayor incidencia en los presupuestos familiares registraron aumentos superiores al promedio general.
El mayor incremento correspondió a educación, con un 2,9%, mientras que vivienda y servicios básicos subieron un 2,3%.
La salud aumentó un 2,2% y los alimentos y bebidas no alcohólicas registraron una variación del 2,1%.
| Rubro | Aumento en septiembre |
|---|---|
| Educación | 2,9% |
| Vivienda, agua, electricidad y gas | 2,3% |
| Salud | 2,2% |
| Alimentos y bebidas no alcohólicas | 2,1% |
| Inflación general de CABA | 1,8% |
En los primeros nueve meses del año, la inflación porteña acumuló un 23,7%, mientras que la variación interanual llegó al 32,9%.
Los datos corresponden exclusivamente a la Ciudad de Buenos Aires. El índice nacional de septiembre será difundido por el INDEC el próximo 13 de octubre.
La diferencia entre el aumento general de precios y la evolución de los gastos esenciales ayuda a explicar por qué una inflación más baja no necesariamente se traduce en una mejora inmediata del poder adquisitivo.
El Monitor de Opinión Pública de Zentrix, correspondiente a septiembre, muestra diferencias importantes según el nivel socioeconómico.
Entre los sectores de menores ingresos, el 59,6% de los encuestados afirmó que su dinero no alcanza más allá del día 15 de cada mes.
Si se extiende el período hasta el día 20, el porcentaje asciende al 83,3%.
En contraste, el 61,9% de las personas consultadas pertenecientes a sectores de ingresos altos aseguró que logra cubrir sus gastos mensuales y mantener capacidad de ahorro.
Otro estudio, elaborado por Management & Fit, indicó que el 52,4% de los encuestados atraviesa dificultades para afrontar sus gastos.
En ese relevamiento, llegar a fin de mes apareció como la principal preocupación personal, con el 22% de las respuestas, seguido por los bajos ingresos, con el 17,2%.
Aunque las encuestas utilizan metodologías y preguntas diferentes, ambas reflejan preocupación por la capacidad de los ingresos para sostener el consumo cotidiano.
La vivienda aparece como uno de los principales factores de presión sobre los presupuestos familiares.
Un estudio de Hábitat para la Humanidad, realizado entre abril y junio de 2026 en 22 países, reveló que el 83% de los encuestados en Argentina debió reducir al menos un gasto durante el último año para afrontar los costos habitacionales.
El porcentaje supera el promedio global del relevamiento, que fue del 75%.
Entre las estrategias utilizadas por los hogares argentinos, el informe identificó tres situaciones frecuentes:
El estudio también mostró que las dificultades son mayores entre quienes alquilan.
El 49% de los inquilinos argentinos manifestó problemas para afrontar los costos de vivienda, frente al 31% de los propietarios consultados.
Estos resultados permiten observar cómo los gastos habitacionales pueden desplazar otros consumos necesarios, incluso cuando las familias mantienen sus fuentes habituales de ingresos.
La presión sobre los presupuestos familiares también aparece en un informe de la consultora Equilibra.
Según ese estudio, el ingreso disponible registrado de 14,5 millones de argentinos disminuyó un 0,5% mensual y un 6,9% interanual en junio.
El indicador calcula el dinero que queda disponible después de descontar gastos fijos como alquileres, expensas, servicios públicos, transporte, educación y medicina prepaga.
De acuerdo con el relevamiento, en junio ese ingreso disponible se ubicó un 16,9% por debajo del promedio correspondiente al período comprendido entre enero y septiembre de 2023.
Esto significa que, aun cuando los ingresos nominales aumenten, una mayor proporción puede quedar comprometida en obligaciones que las familias no pueden postergar.
El resultado es una menor disponibilidad de dinero para compras, recreación, ahorro y otros gastos.
La reducción del consumo se observa en la actividad comercial.
Según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), las ventas minoristas de las pequeñas y medianas empresas retrocedieron un 1,2% mensual en septiembre.
El informe señaló una demanda concentrada en productos esenciales y operaciones de menor valor.
La evolución del comercio muestra que las dificultades de los hogares para sostener sus gastos también repercuten sobre los negocios, especialmente aquellos vinculados con el consumo cotidiano.
Cuando una mayor proporción del salario se destina a vivienda, servicios y alimentos, disminuye el margen disponible para otros productos.
El escenario nacional plantea interrogantes sobre la evolución del poder adquisitivo en Neuquén y Río Negro, donde los hogares también deben afrontar gastos de vivienda, alimentación, transporte y servicios.
En ciudades como Neuquén capital, Plottier, Centenario, Cipolletti y General Roca, el costo de esos rubros resulta especialmente relevante para trabajadores y familias que dependen de ingresos salariales.
Sin embargo, los porcentajes de las encuestas nacionales y las variaciones de precios de la Ciudad de Buenos Aires no pueden trasladarse directamente a la región.
Para establecer el impacto concreto en el Alto Valle es necesario considerar los indicadores locales de inflación, la evolución de los salarios y los costos habitacionales de cada ciudad.
La comparación permitiría determinar si los ingresos de los trabajadores de la región acompañan los aumentos de los gastos esenciales o si también se registra una reducción de su capacidad de compra.
Los distintos indicadores muestran que la evolución de los precios es solo una parte del problema económico de las familias.
El nivel de los salarios, los gastos fijos y la capacidad de mantener un ingreso estable también determinan cuánto dinero queda disponible durante el mes.
Una inflación menor significa que los precios aumentan más lentamente, pero no que los productos y servicios vuelvan a costar menos.
Por eso, cuando alimentos, vivienda, salud y educación suben por encima del promedio, las familias pueden seguir perdiendo capacidad de consumo, aun en un contexto de desaceleración inflacionaria.
El dato más significativo de los relevamientos es que una amplia mayoría de los encuestados no percibe que sus ingresos estén recuperando terreno frente a los precios. Mientras esa situación persista, los recortes de gastos, la utilización de ahorros y la búsqueda de ingresos adicionales continuarán formando parte de las estrategias de muchos hogares argentinos.