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Redes sociales y menores: Meta prepara nuevas restricciones ante la preocupación por el uso excesivo de pantallas

La empresa propietaria de Instagram y Facebook prevé incorporar límites de tiempo, restricciones nocturnas y cambios en el funcionamiento de sus plataformas. En Argentina, los chicos acceden cada vez más temprano a los celulares y crece el debate sobre los efectos en el descanso, la salud y la seguridad digital.

 

 

El uso de celulares y redes sociales entre niños y adolescentes volvió a instalarse en el centro del debate internacional después de conocerse una serie de cambios que Meta, la empresa propietaria de Instagram y Facebook, prevé introducir para reforzar la protección de los usuarios menores de edad.

Las medidas mencionadas incluyen límites diarios de utilización, restricciones durante la noche y modificaciones en algunas funciones de las plataformas que pueden incentivar la permanencia frente a las pantallas.

La iniciativa surge en el marco de una negociación con 47 estados de Estados Unidos y pone nuevamente bajo discusión la responsabilidad de las empresas tecnológicas en el diseño de aplicaciones utilizadas por millones de chicos.

El debate también alcanza a la Argentina, donde distintos relevamientos advierten sobre el acceso temprano a los teléfonos celulares, la cantidad de horas destinadas a las redes sociales y los riesgos vinculados con la exposición a desconocidos.

Qué cambios prepara Meta para Instagram y Facebook

Según explicó el analista Emmanuel Ferrario durante una entrevista con Infobae, las modificaciones previstas forman parte de un acuerdo que contempla compromisos económicos y cambios en el funcionamiento de las plataformas.

Entre las medidas mencionadas se encuentran:

  • Límites diarios de uso: herramientas destinadas a reducir el tiempo que los menores permanecen conectados.
  • Restricciones nocturnas: mecanismos para limitar la utilización de las aplicaciones durante los horarios de descanso.
  • Cambios en los “me gusta”: posibilidad de ocultar estas interacciones para disminuir la exposición a determinadas formas de validación social.
  • Modificaciones en la reproducción de contenidos: ajustes orientados a reducir los mecanismos que favorecen el consumo prolongado.

Ferrario sostuvo que el debate no debe concentrarse únicamente en las decisiones de las familias o las escuelas, sino también en la manera en que las compañías diseñan sus servicios.

El analista mencionó un acuerdo económico de 17.000 millones de dólares. No obstante, el alcance definitivo de las obligaciones, su calendario de implementación y su eventual aplicación fuera de Estados Unidos requieren precisiones adicionales.

Por el momento, no se informó que todas estas restricciones vayan a implementarse automáticamente en las cuentas de usuarios argentinos.

A qué edad reciben su primer celular los chicos en Argentina

El acceso a los dispositivos móviles comienza cada vez más temprano.

De acuerdo con un relevamiento de UNICEF citado por Ferrario, la edad promedio de acceso al primer celular en Argentina es de 9,6 años.

El analista también señaló que el 97% de los jóvenes argentinos utiliza redes sociales, una proporción superior a los porcentajes que mencionó para el promedio global y las zonas urbanas de América Latina.

Otro dato que refleja la dimensión del fenómeno proviene de un estudio del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires y el IDBA.

Según ese relevamiento, los chicos comprendidos en la investigación pasan un promedio de seis horas y diez minutos diarios en plataformas digitales.

La cantidad de tiempo destinado a las pantallas plantea interrogantes sobre su relación con otras actividades, como el estudio, el deporte, la interacción presencial y el descanso.

Sin embargo, los especialistas distinguen entre el tiempo de uso y el tipo de actividad realizada: no todas las experiencias digitales tienen los mismos efectos ni representan los mismos riesgos.

El uso del celular durante la noche y sus consecuencias

Uno de los principales motivos de preocupación es la utilización de teléfonos durante las horas destinadas a dormir.

El fenómeno, conocido como vamping, describe la conducta de permanecer conectado hasta altas horas de la noche, generalmente utilizando redes sociales, videojuegos o servicios de mensajería.

Ferrario citó una investigación realizada en España según la cual el 21% de los jóvenes relevados continuaba conectado después de la medianoche.

El problema no se limita a la exposición a la luz de las pantallas.

También influyen las notificaciones, la interacción constante y los contenidos que pueden mantener a los usuarios activos cuando deberían descansar.

La utilización nocturna del celular puede contribuir a retrasar el horario de sueño y reducir las horas de descanso.

Entre las consecuencias asociadas con dormir menos de lo necesario se encuentran la somnolencia durante el día, las dificultades de concentración, la irritabilidad y los problemas de atención.

Salud visual y problemas posturales

El uso prolongado de dispositivos también puede generar molestias físicas.

La exposición continua a pantallas a corta distancia puede provocar fatiga visual, sequedad ocular y dificultades para mantener la concentración durante períodos prolongados.

Además, sostener el teléfono durante mucho tiempo con la cabeza inclinada puede favorecer molestias cervicales y problemas posturales.

La preocupación por la salud visual infantil también incluye el aumento de la miopía, un fenómeno asociado con distintos factores, entre ellos el tiempo dedicado a actividades de visión cercana y la menor exposición a espacios exteriores.

Por eso, las recomendaciones preventivas suelen incluir pausas durante el uso de dispositivos, actividades al aire libre y controles oftalmológicos cuando corresponda.

No obstante, el uso de pantallas no debe presentarse como la única causa de la miopía, ya que intervienen factores genéticos y ambientales.

Grooming y ciberacoso: los riesgos de interactuar con desconocidos

Además de las consecuencias vinculadas con el tiempo de pantalla, las redes sociales presentan riesgos relacionados con la seguridad de niños y adolescentes.

Uno de ellos es el grooming, que consiste en el contacto de una persona adulta con un menor a través de medios digitales con fines sexuales.

También preocupan el ciberacoso, la difusión de información personal, las amenazas y otras formas de violencia que pueden producirse en redes sociales, aplicaciones de mensajería y videojuegos en línea.

Según datos de la Red de Grooming Latinoamericana citados en la entrevista, seis de cada diez chicos reconocen que conversan con desconocidos en plataformas digitales.

Este tipo de interacciones no implica necesariamente que exista un delito, pero muestra la importancia de que los menores conozcan los riesgos de compartir información personal y establecer vínculos con personas cuya identidad no pueden verificar.

En Argentina, el grooming constituye un delito y puede denunciarse ante las autoridades.

La línea nacional 137 brinda orientación y asistencia ante situaciones de violencia familiar y sexual, incluido el grooming. También dispone del WhatsApp 11 3133-1000.

Ante una situación de posible grooming, es importante preservar los mensajes y otros registros digitales, evitar confrontar al presunto agresor y buscar asesoramiento especializado.

El debate internacional sobre la edad mínima para usar redes sociales

Las iniciativas de Meta se producen mientras distintos países analizan restricciones al acceso de menores a las plataformas.

Australia y varios países europeos avanzaron o discutieron medidas relacionadas con la edad mínima, la verificación de identidad y la supervisión de las cuentas utilizadas por adolescentes.

Algunas propuestas buscan establecer límites de acceso según la edad, mientras que otras priorizan mecanismos de autorización o acompañamiento familiar.

La discusión incluye un interrogante central: hasta qué punto las restricciones pueden proteger a los menores sin impedirles acceder a herramientas que también utilizan para comunicarse, aprender y participar de actividades sociales.

Qué pueden hacer las familias para reducir los riesgos

Mientras se discuten nuevas regulaciones, el acompañamiento de los adultos continúa siendo un aspecto importante de la seguridad digital.

Entre las medidas que pueden ayudar se encuentran establecer horarios de uso, evitar que el teléfono interfiera con el descanso nocturno, revisar las configuraciones de privacidad y conversar sobre los riesgos de interactuar con desconocidos.

También resulta importante generar espacios de confianza para que los chicos puedan contar si reciben mensajes incómodos, amenazas o solicitudes inapropiadas.

Las restricciones tecnológicas pueden contribuir a reducir determinados riesgos, pero no reemplazan la educación digital ni la comunicación entre adultos y adolescentes.

El debate sobre las redes sociales ya no se limita a determinar a qué edad un chico debería tener su primer celular. También plantea qué responsabilidades deben asumir las empresas, las familias, las instituciones educativas y los Estados para garantizar un entorno digital más seguro.

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