El huracán Isaías golpeó Florida y Alabama: más de 600 mil usuarios sin luz y emergencia federal

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El presidente Javier Milei incorporó al debate interno del Gabinete una de las principales discusiones económicas de la Argentina: si el actual valor del dólar permite sostener el crecimiento o si la apreciación del peso representa un riesgo para la competitividad.
La discusión se abrió con la participación del economista Alberto Ades, exjefe de Economía de Goldman Sachs, quien fue invitado a una reunión del equipo de ministros para presentar su análisis sobre el escenario económico nacional e internacional.
Durante su exposición, Ades señaló que el tipo de cambio real se encuentra un 29% por debajo del promedio de los últimos 23 años, una diferencia que volvió a poner sobre la mesa el debate sobre el valor de la moneda argentina.
Sin embargo, el Gobierno descarta impulsar una devaluación y sostiene que las condiciones económicas actuales son diferentes de las que precedieron a otras crisis cambiarias.
El diagnóstico presentado por Ades señala que el peso argentino registra una apreciación significativa en términos reales.
Esto significa que, al considerar la evolución de los precios internos y externos, el dólar resulta relativamente más barato que durante buena parte de las últimas dos décadas.
El economista comparó la situación con la registrada en 2017, durante la presidencia de Mauricio Macri, antes de la crisis cambiaria que comenzó al año siguiente.
No obstante, aclaró que existen diferencias importantes entre ambos períodos.
Entre ellas mencionó el superávit comercial y la evolución favorable de las cuentas externas, factores que, según su análisis, ofrecen un respaldo que no estaba presente en aquel momento.
La advertencia principal no estuvo centrada en una devaluación inmediata, sino en la necesidad de determinar si el actual nivel del tipo de cambio puede sostenerse en el tiempo.
El equipo económico considera que no existen razones suficientes para provocar un salto del dólar.
Uno de sus principales argumentos es el desempeño de las exportaciones, impulsadas por sectores como la energía, el agro y la minería.
También destaca las compras de divisas realizadas por el Banco Central, que, según las cifras mencionadas en el análisis económico publicado por Infobae, se acercan a los 15.000 millones de dólares.
A esto se suma un contexto internacional favorable para algunos productos argentinos, particularmente el petróleo y la soja.
Desde la perspectiva oficial, estos factores contribuyen a sostener la oferta de dólares y reducen la necesidad de modificar bruscamente el tipo de cambio.
Otro elemento considerado es la diferencia entre el dólar oficial y el contado con liquidación, que se ubica alrededor del 5%, según los valores citados en el informe.
Esa brecha relativamente reducida es interpretada por el Gobierno como una señal de menor presión cambiaria.
La discusión sobre el tipo de cambio tiene consecuencias diferentes según el sector económico.
Un dólar más alto puede mejorar los ingresos en pesos de las empresas exportadoras y favorecer determinadas actividades que compiten con productos importados.
También podría beneficiar al turismo receptivo, al abaratar los costos argentinos para los visitantes extranjeros.
Sin embargo, una devaluación puede encarecer productos importados, insumos industriales y bienes cuyos precios están vinculados con la cotización de la moneda estadounidense.
Esto puede trasladarse a la inflación y afectar el poder adquisitivo de los salarios.
Ades advirtió que una suba del tipo de cambio tendría consecuencias negativas para los ingresos de los trabajadores.
Por eso, la discusión no se limita a determinar si el dólar está barato o caro, sino a evaluar qué efectos tendría una modificación de su valor sobre la actividad, los precios y el consumo.
El crecimiento de las exportaciones energéticas constituye uno de los principales argumentos utilizados por el Gobierno para defender su política cambiaria.
Vaca Muerta ocupa un lugar relevante en ese escenario, debido al aumento de la producción de petróleo y a la ampliación de la infraestructura destinada al transporte y la exportación de hidrocarburos.
El sector energético se beneficia, además, de precios internacionales elevados, que permiten incrementar el ingreso de divisas.
Sin embargo, la expansión de las exportaciones no significa necesariamente que todos los sectores económicos enfrenten las mismas condiciones.
Mientras la energía, la minería y determinadas actividades agropecuarias mantienen perspectivas favorables, otras ramas productivas pueden experimentar mayores dificultades para competir frente a los bienes importados.
La evolución del tipo de cambio, los costos internos y la demanda resultan determinantes para esas diferencias.
El debate cambiario se produce en un contexto de actividad económica debilitada.
Según el análisis publicado por Infobae, los datos correspondientes a agosto permiten identificar dos trimestres consecutivos de contracción, situación que habitualmente se denomina recesión técnica.
Las estimaciones privadas mencionadas en el informe ubican el crecimiento del Producto Bruto Interno de 2026 por debajo del 2%.
Además, señalan que la expansión se concentra principalmente en actividades vinculadas con el agro, la energía y la minería.
El desafío del Gobierno es lograr que esa recuperación alcance también a sectores más dependientes del consumo interno y de la inversión.
Las proyecciones citadas por el informe anticipan una mejora de la actividad durante el último trimestre del año.
Algunas estimaciones contemplan un crecimiento cercano al 1,7% en ese período, acompañado por una recuperación gradual de los salarios reales.
De confirmarse ese escenario, el consumo podría comenzar a mostrar una evolución más favorable.
Sin embargo, se trata de previsiones que todavía dependen de la evolución de la inflación, el crédito, la inversión y las condiciones financieras.
El dato nacional de inflación de septiembre, que se conocerá esta semana, será otro indicador relevante.
En la Ciudad de Buenos Aires, el índice fue del 1,8%, mientras que en agosto la inflación nacional había alcanzado el 1,7%.
El Gobierno busca llegar al próximo año electoral con una economía en recuperación, menor inflación y estabilidad cambiaria.
La estrategia oficial consiste en sostener el valor del peso sin recurrir a una devaluación brusca, mientras apuesta a que las exportaciones y la inversión generen los dólares necesarios para respaldar ese esquema.
No obstante, el diagnóstico de Ades introduce un interrogante sobre la sostenibilidad de un tipo de cambio real considerablemente inferior a su promedio histórico.
La discusión también plantea una cuestión de fondo: si el crecimiento impulsado por los sectores exportadores será suficiente para dinamizar el conjunto de la economía sin modificar la política cambiaria.
Por ahora, la posición del equipo económico se mantiene sin cambios. El Gobierno descarta una devaluación y apuesta a que la recuperación de la actividad durante los próximos meses respalde su estrategia.
Con información de Infobae