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Una manzana, solo una, a 1,99 dólares en el supermercado. Una cebolla, 1,49. Un filete premium de medio kilo a 32,99. Aumento del 50% en el precio del combustible en los surtidores de Estados Unidos desde la guerra en Oriente Medio, en un país donde la mayor parte de la mercadería se traslada en camiones y los ciudadanos se movilizan en autos y camionetas, con un promedio de recorrido de 1.000 km al mes. La inflación, el mes pasado alcanzó un 3,7% anual, impulsada por los alimentos, más alta que cuando Joe Biden terminó su período.
¿Cómo salir airoso en una elección con este panorama, cuando las encuestas indican que la máxima preocupación de los votantes es el costo de vida?
En diálogo con decenas de estadounidenses, entre ellos obreros automotrices, ganaderos, docentes, homeless, líderes comunitarios, jóvenes y ancianos, Clarín pudo comprobar en estados clave como Michigan y Texas, que incluso los republicanos admiten estar muy preocupados por el costo de vida y afirman que ya no pueden ahorrar o pelean para llegar a fin de mes.
Algunos señalaban que votarían por Donald Trump, otros no sabían qué hacer y otros directamente dudaban si irían a las urnas este martes. Se los veía desmotivados.

La cadena Fox News mientras comienzan a conocerse los resultados electorales durante la fiesta de seguimiento de la noche electoral de Ken Paxton en Dallas, Texas. Foto EFE
Los republicanos padecieron precisamente ese fenómeno: una parte de los que habían elegido a Trump hace dos años esta vez votaron demócrata o quizás se quedaron en sus casas. Algunos, enojados, llegaban a hablar de “traición”, como buena parte de los latinos en el sur de Texas, según afirmaron a esta corresponsal.
La sensación era muy distinta a la de 2024. En aquél entonces, Trump ganó la campaña de 2024 a Kamala Harris con una simple promesa que estampaba en todos los carteles y pancartas: “Harris, precios altos. Trump, precios bajos”. Y, además, juró que la prioridad sería “America First”, que significaba abandonar las guerras “inútiles” que insumían grandes gastos en el exterior y volcar ese dinero en el bolsillo de los estadounidenses. Levantó grandes expectativas.
De la promesa de precios bajos a la desilusión
Pero nada de eso sucedió. Si bien Trump logró bajar moderadamente la inflación en los primeros meses de su mandato, la política arancelaria primero y la guerra en Oriente Medio después dispararon la incertidumbre en las empresas, el precio del combustible y los precios. Y la ira de los votantes.
Trump insistió: hagan de cuenta de que yo figuro en la boleta, pidió. Los estadounidenses le hicieron caso y castigaron con dureza su gestión.
El presidente nunca pareció sintonizar con el sentimiento de los ciudadanos y su discurso fue vago, agresivo y autorreferencial. Podía sonar divertido hace dos años, pero ahora no, cuando cargar nafta se ha convertido en un dolor de cabeza para la gente común, de clase media, cuando los salarios no aumentan al mismo ritmo, cuando no se llega a fin de mes.
Los agricultores y ganaderos también resultaron impactados. El precio del diésel se ha duplicado, y generó un impacto severo porque no solo encareció el uso de la maquinaria agrícola e industrial, sino también barcos y camiones que transportan diversos bienes y servicios. Sectores tradicionalmente conservadores del campo están disgustados, porque también se han visto afectados por el aumento de aranceles y la guerra comercial con China.
Los latinos, que lo votaron masivamente en 2024, también se alejaron esta elección de Trump, no solo por el costo de vida sino también por la agresiva política migratoria del presidente, que afecta sectores clave como la construcción y la agricultura.
En este contexto, los candidatos republicanos han hecho malabares para tratar de ganar adeptos y convencerlos de que la economía va a mejorar. Algunos intentaban despegarse de Trump.
El problema es que, según el boca de urna de CNN, alrededor de dos tercios de los votantes sienten que ha empeorado las condiciones económicas del país, y la mayoría atribuyó los costos más altos directamente a las políticas de Trump. Cuando el bolsillo está en juego, es difícil torcer lo inevitable.


