El gobernador afirmó que el Congreso no debería discutir la “habilidad moral” de una senadora electa y sostuvo que la prioridad es acatar la voluntad popular. Advirtió que la controversia afecta la credibilidad institucional y destacó que más de 120.000 rionegrinos eligieron a Lorena Villaverde para ocupar la banca.
El gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck, se refirió este miércoles a la incertidumbre que rodea la asunción de Lorena Villaverde en el Senado de la Nación y expresó su preocupación por el tenor del debate que se instaló en el Congreso. El mandatario consideró que “no le hace bien a nadie” que se discuta la “moralidad o no de una persona electa”, en relación al freno que encontró el pliego de la diputada de La Libertad Avanza, cuyo caso volvió a la Comisión de Asuntos Constitucionales. Según remarcó, su postura es clara: “respeto siempre por la decisión de la gente”.
Villaverde recibió 121.974 votos en las elecciones de octubre y, aunque mantiene su banca en Diputados a la espera de una definición del Senado, el oficialismo nacional decidió postergar su incorporación y reabrir el análisis sobre sus condiciones para asumir. Consultado en Bariloche, Weretilneck evitó profundizar en los argumentos jurídicos y prefirió poner el foco en la legitimidad que otorga el voto popular, señalando que “el principal valor de la democracia es respetar la decisión de los rionegrinos, más allá de a quién favorezca”.
Una controversia que erosiona la confianza institucional
El gobernador calificó la situación como “poco habitual” y “bastante inédita” en la política argentina, advirtiendo que el hecho de que el Congreso discuta la “habilidad o inhabilidad moral” de una representante electa abre un escenario complejo para la credibilidad del sistema. Afirmó que los cargos electivos expresan directamente la voluntad del electorado y destacó que quienes avalaron a Villaverde deberían tener un rol central en la discusión. Según dijo, la opinión de esos votantes es clave para entender la dimensión del conflicto.
Weretilneck fue cauto, pero firme en su planteo: insistió en que la institucionalidad exige respetar los procesos electorales y que cualquier revisión de una figura electa debe ser excepcional. Reiteró que la democracia se sostiene sobre la confianza en el voto, por lo que cualquier cuestionamiento que no surja de los mecanismos formales previstos puede generar tensiones innecesarias. “No le hace bien a nadie”, subrayó, al analizar el impacto político de la controversia.
Un cierre prudente en medio de un debate abierto
El mandatario evitó calificar conductas o pronunciarse sobre los motivos que llevaron al Senado a frenar la designación de Villaverde. Sin embargo, dejó claro que su mirada se centra en el respeto a la decisión popular y en la necesidad de que las instituciones nacionales actúen con responsabilidad. Mientras tanto, Villaverde continúa en funciones en Diputados, a la espera de que la Cámara Alta defina su futuro político.

