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Neuquén AR

Vivo – Un remolino reavivó temores climáticos en el Alto Valle a un año del ciclón que dejó graves destrozos

 

Un fenómeno breve pero visible en Cinco Saltos volvió a instalar el miedo a tormentas extremas tras el desastre climático del verano pasado.

A casi un año del violento ciclón que afectó a Cipolletti y localidades vecinas, un nuevo fenómeno climático registrado en el Alto Valle volvió a despertar preocupación entre vecinos y autoridades. Esta vez no hubo daños ni víctimas, pero las imágenes de un remolino intenso y bien definido fueron suficientes para reactivar el recuerdo de uno de los episodios meteorológicos más destructivos de los últimos años en la región.

El hecho ocurrió en el basural de Cinco Saltos, donde durante algunos segundos se formó un remolino de considerable tamaño y fuerza. El evento fue registrado en video por un medio local y rápidamente comenzó a circular por redes sociales, generando inquietud en una población que todavía tiene fresca la experiencia del verano pasado.

Si bien el fenómeno fue de corta duración y no provocó consecuencias materiales, el contexto climático actual, marcado por temperaturas extremas y condiciones atmosféricas inestables, contribuyó a que el episodio fuera interpretado como una posible señal de alerta.

Un fenómeno breve, localizado y sin daños materiales

El remolino se formó de manera repentina en un área acotada del basural, con una intensidad suficiente como para levantar polvo y residuos livianos. En el video difundido se observa la columna giratoria desplazarse durante algunos segundos antes de disiparse sin provocar daños visibles.

Desde el medio que difundió las imágenes se confirmó que no se registraron daños en vehículos ni en infraestructura cercana. Tampoco se reportaron personas heridas ni situaciones de emergencia asociadas al evento.

A pesar de su carácter inofensivo, el fenómeno llamó la atención por su forma y fuerza, lo que llevó a comparaciones inmediatas con los eventos extremos que afectaron al Alto Valle durante el verano anterior.

El recuerdo del desastre climático sigue presente

La reacción social frente al remolino no puede separarse del antecedente inmediato. A fines de enero de 2025, un temporal de lluvia y viento provocó graves destrozos en Cipolletti, Fernández Oro, Allen y sectores del sur de General Roca.

Durante ese episodio, se registraron ráfagas de viento que alcanzaron velocidades superiores a los 100 kilómetros por hora, acompañadas por intensas precipitaciones en cortos períodos de tiempo. Árboles caídos, techos volados, postes derribados y cortes de energía formaron parte del saldo del fenómeno.

Ese evento dejó una marca profunda en la memoria colectiva de la región, lo que explica que cualquier manifestación climática atípica vuelva a ser observada con especial atención y temor.

Vecinos en alerta ante un verano que recién comienza

En distintos barrios del Alto Valle, el registro del remolino generó comentarios y especulaciones entre vecinos. La preocupación se potenció por las altas temperaturas que se vienen registrando y por la sensación de que los veranos son cada vez más extremos.

“Con estos calores y lo que pasó el año pasado, uno se asusta. Mirá si se viene otro ciclón o un tornado”, comentó una vecina de Cinco Saltos al observar las imágenes que circularon en redes sociales.

Este tipo de reacciones refleja un cambio en la percepción social del clima, donde fenómenos que antes se consideraban excepcionales ahora se interpretan como parte de un patrón más amplio de inestabilidad.

Qué fue el ciclón que golpeó al Alto Valle en 2025

Tras el desastre del verano pasado, el meteorólogo Rodolfo Merlino, referente histórico del Servicio Meteorológico Nacional en Cipolletti, explicó que el evento registrado tenía características propias de un ciclón con rasgos tornádicos.

Según detalló, el fenómeno se originó por el ingreso de aire húmedo desde el centro del país, impulsado por vientos del sector norte y noroeste. Esta combinación favoreció la formación de tormentas severas con cumulonimbus cargados de actividad eléctrica y abundante precipitación.

El pasaje de estas tormentas provocó un cambio brusco en la dirección del viento, con ráfagas intensas que sorprendieron incluso a especialistas por su magnitud y comportamiento errático.

Vientos extremos y lluvias concentradas en pocos minutos

Durante aproximadamente una hora, las ráfagas oscilaron entre los 85 y 105 kilómetros por hora, generando daños generalizados en distintas localidades del Alto Valle. La violencia del viento fue uno de los aspectos más llamativos del fenómeno.

En cuanto a las precipitaciones, Merlino precisó que solo en Cipolletti se registraron 28,5 milímetros de lluvia en apenas 40 minutos. Esta intensidad, combinada con el viento, multiplicó los efectos destructivos del temporal.

El especialista explicó que el cambio constante en la dirección del viento indicaba el paso de un centro de baja presión, una de las características que permitió clasificar al evento como un ciclón con comportamiento tornádico.

Cambio climático y eventos extremos: un escenario recurrente

Si bien no existe una relación directa entre el remolino observado en Cinco Saltos y el ciclón de 2025, ambos episodios se inscriben en un contexto de creciente variabilidad climática. Especialistas advierten que el calentamiento global favorece condiciones propicias para tormentas más intensas y fenómenos localizados de difícil previsión.

En la región del Alto Valle, el aumento de temperaturas extremas, la irregularidad de las lluvias y la mayor frecuencia de eventos severos comienzan a configurar un nuevo escenario climático que exige mayor preparación y prevención.

La presencia de remolinos, tormentas convectivas intensas y vientos fuertes ya no se percibe como algo excepcional, sino como parte de una dinámica que podría repetirse con mayor frecuencia.

Entre la prudencia y la memoria reciente

El remolino registrado en Cinco Saltos no fue más que un fenómeno pasajero, sin consecuencias ni daños. Sin embargo, su impacto simbólico fue significativo en una región que aún se recupera de los efectos de un desastre reciente.

La experiencia del verano pasado dejó una enseñanza clara para vecinos y autoridades: la necesidad de tomar en serio las señales del clima, fortalecer los sistemas de alerta y promover una mayor conciencia sobre los riesgos asociados a los eventos extremos.

Mientras el verano avanza y las altas temperaturas continúan, el Alto Valle observa el cielo con más atención que nunca, consciente de que la memoria del desastre sigue vigente y que la prevención es clave frente a un clima cada vez más impredecible.

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