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Por primera vez, la producción anual de petróleo extraído de la formación shale superó a la obtenida mediante métodos convencionales. Según datos de la Secretaría de Energía, el 55,6% del crudo producido en el país provino de Vaca Muerta, mientras que el 43,6% fue de extracción convencional y el 0,8% restante del método tight.
El año pasado, Vaca Muerta generó un promedio de 386.600 barriles diarios, superando los 304.190 barriles diarios del convencional. Este logro no es casual, sino el resultado de más de una década de inversión, innovación y avances tecnológicos que permitieron maximizar el potencial de la roca madre.
El camino hacia este hito comenzó en 2010 con la explotación inicial de la formación, pero tuvo un punto de inflexión en 2016, cuando casi el total de las perforaciones realizadas fueron horizontales. Este cambio estratégico, junto con etapas de fractura más eficientes, permitió multiplicar los rendimientos de cada pozo y sentó las bases para que el shale se convirtiera en el líder del sector.
El crecimiento del shale oil fue sostenido, pero 2023 ofreció un anticipo de lo que vendría. En noviembre de ese año, Vaca Muerta superó al convencional en el registro mensual, alcanzando un 50,3% de participación. Ese desempeño pavimentó el camino para que, en 2024, el petróleo de la roca madre liderara por primera vez el balance anual.
Neuquén ha sido la principal beneficiada de este desarrollo. En 2016, la provincia aportaba el 20,5% del petróleo nacional con 106.760 barriles diarios. Para 2024, su participación escaló al 58%, con 417.440 barriles diarios, impulsada casi exclusivamente por Vaca Muerta.
Entre las empresas que lideran la producción en Neuquén, YPF ocupa el primer lugar con 234.407 barriles diarios, el 92% de ellos provenientes de Vaca Muerta. Le siguen Vista, con 60.431 barriles diarios, y Pan American Energy (PAE), con 22.595 barriles diarios, de los cuales el 93,7% corresponden al shale.
La Cuenca Neuquina ha incrementado su protagonismo a nivel nacional. Mientras que en 2016 cubría el 41% de la producción total con 214.255 barriles diarios, en 2024 llegó a representar casi el 69%, con una producción de 489.174 barriles diarios. Este crecimiento refleja el éxito de Vaca Muerta en transformar el panorama energético del país.
El petróleo convencional, que durante años fue el pilar de la industria, se concentra ahora principalmente en la Cuenca del Golfo San Jorge. Sin embargo, su participación ha disminuido al 26,8% en 2024, aunque sigue cumpliendo un rol clave en el mix de refinación nacional debido a su mayor densidad.
El resto de las cuencas activas –la Cuyana, la Austral y la Noroeste– tienen un impacto mucho menor. La Cuenca Cuyana, ubicada en Mendoza, aportó el 2,2% del crudo nacional. Allí, el gobierno provincial busca atraer nuevas inversiones a través de licitaciones de áreas.
Por su parte, la Cuenca Austral tuvo una participación del 1,5% en petróleo, aunque es un actor relevante en la producción de gas, con un 17,4% del total nacional. En este segmento, proyectos offshore como Fénix destacan por su importancia estratégica.
La Cuenca Noroeste, que tuvo su auge en los años 80, aporta apenas el 0,5% del petróleo nacional con 3.586 barriles diarios. Las áreas en producción enfrentan un marcado declino y requieren inversiones significativas para reactivar su actividad.
El éxito de Vaca Muerta es un ejemplo de cómo la innovación y la inversión estratégica pueden transformar una industria. Con un crecimiento constante y nuevas metas por alcanzar, la formación shale promete seguir siendo el motor del desarrollo energético de Argentina en los años venideros.