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Luego de su muerte, su cuerpo fue mordido en el rostro por el cachorro de la familia, una mezcla de pitbull y pastor alemán de seis semanas. Las autoridades confirmaron que las mordeduras fueron postmortem y que se investiga si hubo negligencia por parte de los adultos responsables.
El caso conmocionó al vecindario y abrió interrogantes sobre el entorno familiar y la tenencia responsable de animales, especialmente en viviendas públicas. El Departamento de Policía de Nueva York (NYPD) y la Oficina del Médico Forense están a cargo de la investigación, que aún no derivó en cargos, pero que podría avanzar judicialmente en caso de comprobarse omisiones en el cuidado de la menor.
La madre de 27 años y su pareja se encontraban durmiendo en la misma cama con la bebé cuando ocurrió el hecho. A las 6:40 de la mañana, la madre descubrió que la niña presentaba lesiones faciales graves y llamó al 911. El personal médico declaró a la menor muerta en el lugar. La autopsia deberá determinar la causa exacta del fallecimiento y si hubo otros factores que contribuyeron al desenlace.
Según los reportes, el perro estaba suelto dentro del departamento y no se encontraba enjaulado ni sujeto por correa, como exigen las normas de tenencia de mascotas establecidas por la Autoridad de Vivienda de Nueva York (NYCHA). El cachorro, que estaba siendo entrenado como perro de servicio, fue retirado junto a otro can por Animal Care Centers of NYC.
Vecinos del complejo afirmaron haber advertido días antes a la madre sobre los riesgos del animal, al que veían pasear por los pasillos sin correa. “Ese perro necesita estar con correa”, contó una residente, mientras que otra afirmó que la madre respondía que su mascota “no mordía”. El episodio, según testimonios, se produjo en un ambiente de tensión creciente por el comportamiento del cachorro.
La abuela materna también brindó su versión a la prensa. Dijo que había ofrecido cuidar a la bebé debido a la inestabilidad habitacional de su hija, quien hasta hace poco vivía en un refugio para personas sin hogar. Sin embargo, la madre insistió en quedarse con su hija argumentando que podía hacerse cargo.
El NYPD informó que la investigación se mantiene abierta. Las autoridades están recolectando testimonios de testigos, antecedentes familiares y evidencia forense. Aunque el caso se considera provisionalmente como una muerte accidental, no se descarta la imputación por negligencia si así lo determinan los resultados de la autopsia y el análisis del entorno familiar.
También se evalúa si se cumplieron las reglas de tenencia responsable de mascotas en el domicilio, ya que NYCHA establece obligaciones específicas para quienes poseen animales en sus unidades.
Por el momento, no se ha confirmado cuál será el destino del cachorro que mordió a la bebé. Podría ser sometido a evaluación veterinaria o mantenerse en cuarentena según lo indiquen los protocolos. Tampoco hay información oficial sobre posibles sanciones o revisiones en las políticas de convivencia con animales en viviendas públicas.
El caso expone con crudeza los riesgos de convivencias desatendidas y vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre las condiciones de crianza en contextos vulnerables. Mientras la comunidad de Queensbridge Houses sigue conmocionada, las autoridades buscan esclarecer los detalles de una tragedia evitable.