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El rebote de la actividad económica que exhibe el gobierno de Javier Milei no vino acompañado por una recuperación del empleo privado formal. Por el contrario, mientras algunos sectores clave lideraron el crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI), fueron los mismos que registraron una fuerte pérdida de puestos de trabajo registrados, profundizando una de las principales paradojas del actual modelo económico.
Entre el tercer trimestre de 2023 y el mismo período de 2025, el PBI creció 2,1% en términos desestacionalizados, según el INDEC. Sin embargo, ese avance no se trasladó al mercado laboral: de acuerdo con datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), hasta octubre pasado se destruyeron 176.900 empleos privados formales durante la gestión libertaria.
“El EMAE mide la actividad total, incluyendo empleo público e informal. Por eso pueden observarse divergencias entre crecimiento económico y empleo registrado”, explicó el economista Gonzalo Carrera, de la consultora Equilibra.
Minería y Energía, Intermediación Financiera y Hoteles y Restaurantes encabezaron la expansión de la actividad, pero al mismo tiempo concentraron la mayor destrucción de empleo formal. En conjunto, esos rubros eliminaron 20.684 puestos registrados entre noviembre de 2023 y octubre de 2025.
El caso de Minería y Energía es uno de los más ilustrativos: pese a un fuerte crecimiento de la actividad, el sector perdió 7.575 empleos, equivalente al 8% de su dotación. Parte de esa caída se explica por el retroceso de la producción convencional, especialmente en Santa Cruz, donde el empleo se contrajo 15,7% tras la salida de YPF de varios yacimientos para concentrarse en Vaca Muerta. “Los puestos que se perdieron en los campos convencionales todavía no fueron absorbidos por el no convencional”, señaló Carrera.
En la Intermediación Financiera, la actividad avanzó 27,5%, pero el empleo cayó 2,56%, con 3.898 puestos menos. La principal explicación es la aceleración del proceso de digitalización y automatización, con un uso creciente de inteligencia artificial que redujo tareas operativas y modificó los modelos de atención bancaria.
Un fenómeno similar se observó en Hoteles y Restaurantes: la actividad creció 13,5%, pero el empleo formal retrocedió 3,2%, lo que implicó la pérdida de 9.211 puestos. En este caso, el crecimiento se canalizó mayormente a través del cuentapropismo y la informalidad. “Hay una explosión de trabajos informales, desde deliveries hasta ventas callejeras o emprendimientos gastronómicos por redes sociales”, detalló el economista.
Agricultura y Pesca fueron las excepciones. El agro registró un incremento del 2,5% en el empleo asalariado privado, con la creación de 7.695 puestos, mientras que la pesca, que mostró un salto de 41,5% en la actividad, generó 1.922 nuevos empleos formales, un aumento del 14,7%.
Aun así, el balance final es negativo: ambos sectores sumaron 9.617 puestos, menos de la mitad de los que se perdieron en los rubros en expansión.
En términos generales, mientras la actividad económica creció 4,4% desestacionalizada durante la era Milei, el empleo formal cayó 2,8%. La contracara del modelo es una mayor informalización del mercado laboral, con nuevas ocupaciones concentradas en changas, trabajos independientes de baja productividad y empleo en plataformas digitales.
Al mismo tiempo, sectores históricamente intensivos en empleo quedaron relegados. La paralización de la obra pública y la apertura de importaciones golpearon de lleno a la construcción y la industria, que en conjunto perdieron 122.778 puestos formales: 66.305 en la construcción y 56.473 en la industria manufacturera.
La capacidad instalada industrial reflejó ese deterioro: en noviembre se ubicó en 57,7%, el nivel más bajo desde marzo de 2025. El sector textil fue el más afectado, con una utilización inferior al 30%, lo que implica que más del 70% de su maquinaria permanece ociosa. En contraste, la refinación de petróleo operó al 86,5%, consolidando un crecimiento con escaso efecto multiplicador sobre el empleo.