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Shell confirmó este jueves que abandonó el proyecto de Gas Natural Licuado (GNL) que impulsa YPF en la Argentina. La petrolera angloholandesa se retira casi un año después de haber firmado el acuerdo inicial y tras la salida previa de Petronas, la socia malaya original.
La compañía aseguró que “ya no participa en el proyecto base, pero seguirá evaluando futuras opciones de expansión”, según declaró a La Nación.
YPF activa su red de reemplazos
La salida de Shell no tomó por sorpresa a YPF: la petrolera estatal llevaba meses anticipando este escenario y avanzó discretamente en la búsqueda de nuevos actores para sostener la iniciativa “Argentina LNG”.
Con el objetivo de no frenar el desarrollo, YPF seguirá trabajando con la italiana ENI y la árabe ADNOC, con un plan que apunta a producir 12 millones de toneladas anuales (MTPA) de GNL mediante dos buques de licuefacción instalados en la costa de Río Negro. Dentro del diseño de largo plazo se contempla incluso elevar la capacidad total a 18 MTPA.
Los candidatos a ocupar el lugar de Shell
YPF analiza alternativas de peso para cubrir la salida de Shell:
Saudi Aramco, la petrolera más grande del mundo, aparece como la opción más fuerte.
ExxonMobil también participa de las conversaciones, aunque con un interés limitado: solo estaría dispuesta a actuar como offtaker, no como inversora.
La hoja de ruta indica que la decisión final de inversión (FID) debería firmarse en el primer trimestre de 2026. Luego, los socios avanzarán en una búsqueda de financiamiento por más de 12.000 millones de dólares, aproximadamente el 70% del capital necesario para la infraestructura inicial.
Un mercado chico y una ventana de oportunidad acotada
El contexto internacional es desafiante: en todo el mundo solo operan ocho buques de licuefacción, lo que limita la disponibilidad para proyectos nuevos. Aun así, el mercado global del GNL continúa en expansión, traccionado por la demanda asiática y la necesidad europea de diversificar proveedores.
En ese escenario, Argentina dio recientemente un paso estratégico: firmó su primer contrato de exportación de GNL con Europa, una señal que YPF utiliza para sostener el momentum del proyecto frente a las turbulencias societarias.
La salida de Shell obliga a rehacer parte del esquema, pero no detiene el ambicioso plan argentino de convertirse en un jugador global del GNL desde Vaca Muerta. El 2026 será decisivo: o se confirma el financiamiento y el proyecto avanza, o la ventana de oportunidad empezará a estrecharse.