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El frágil intento de alto el fuego entre Rusia y Ucrania volvió a derrumbarse en medio de acusaciones cruzadas, cifras impactantes de ataques y una escalada que confirma las enormes dificultades para alcanzar siquiera pausas temporales en uno de los conflictos más desgastantes y violentos de los últimos años.
Este lunes, el Ministerio de Defensa ruso aseguró que Ucrania violó el cese al fuego en 23.802 ocasiones desde el inicio de la tregua de tres días acordada con motivo de las celebraciones por el Día de la Victoria soviética en la Segunda Guerra Mundial.
Según Moscú, las fuerzas ucranianas mantuvieron ofensivas constantes mediante drones, bombardeos de artillería, morteros y ataques contra posiciones militares rusas, incluso mientras oficialmente regía la suspensión temporal de hostilidades.
Las cifras difundidas por el Kremlin muestran la magnitud del deterioro de la tregua: solo en las últimas 24 horas, Rusia denunció 12 intentos de asalto, 767 bombardeos con sistemas de lanzamiento múltiple y más de 6.900 ataques con drones.
Además, las autoridades rusas denunciaron ataques contra objetivos civiles en la región fronteriza de Belgorod, donde al menos dos personas resultaron heridas tras el impacto de drones ucranianos.
Una tregua que nunca logró consolidarse
El alto el fuego había sido anunciado el viernes y debía extenderse entre sábado y lunes, coincidiendo con uno de los eventos más sensibles para la narrativa política y militar rusa: la conmemoración de la victoria soviética sobre la Alemania nazi.
Sin embargo, desde las primeras horas comenzaron las denuncias mutuas de incumplimientos.
Moscú sostiene que sus fuerzas evitaron utilizar aviación táctica, misiles y drones ofensivos durante el período acordado, limitándose únicamente a responder ataques ucranianos.
Del otro lado, Ucrania asegura exactamente lo contrario: acusa a Rusia de continuar bombardeando posiciones militares y zonas urbanas pese al compromiso de cese temporal de hostilidades.
Las autoridades ucranianas afirmaron el domingo que al menos una persona murió y otras quince resultaron heridas durante ataques rusos registrados en diferentes regiones del país mientras supuestamente seguía vigente la tregua.
El Estado Mayor ucraniano también denunció decenas de ofensivas rusas sobre posiciones militares propias durante las últimas horas.
La guerra entra en una etapa donde ni las treguas funcionan
Lo ocurrido durante este breve alto el fuego refleja un problema cada vez más profundo: la guerra parece haber ingresado en una dinámica donde incluso los acuerdos mínimos resultan prácticamente imposibles de sostener.
La utilización masiva de drones, ataques descentralizados y operaciones simultáneas a lo largo de un frente extremadamente extenso vuelve muy difícil controlar completamente las acciones militares sobre el terreno.
Además, tanto Moscú como Kiev utilizan cada episodio para reforzar su narrativa internacional y responsabilizar al adversario por la continuidad de la guerra.
En ese escenario, las treguas dejan de funcionar como verdaderos mecanismos de distensión y pasan a convertirse también en herramientas políticas y propagandísticas.
Las cifras difundidas por Rusia —más de 23.000 supuestas violaciones en apenas tres días— muestran además el nivel de intensidad que mantiene actualmente el conflicto, incluso en períodos donde formalmente deberían reducirse las hostilidades.
Los drones se consolidan como protagonistas centrales
Uno de los datos más relevantes del informe ruso vuelve a ser el peso creciente de los drones dentro de la guerra.
Moscú aseguró haber neutralizado 85 drones de ala fija y denunció casi 7.000 ataques ucranianos mediante vehículos no tripulados en apenas un día.
La guerra en Ucrania terminó consolidando una transformación militar global donde los drones dejaron de ser un recurso complementario para convertirse en herramientas centrales de vigilancia, ataque y desgaste permanente.
Ese cambio tecnológico también explica por qué resulta cada vez más complejo implementar pausas completas en los combates.
A diferencia de las guerras convencionales del pasado, donde los altos el fuego podían controlarse mediante movimientos de tropas visibles, hoy miles de drones pequeños, baratos y descentralizados permiten sostener acciones ofensivas casi permanentes.
Sin señales concretas de desescalada
Mientras continúan las acusaciones cruzadas, no aparecen señales reales de una desescalada duradera.
Por el contrario, la imposibilidad de sostener incluso una tregua limitada vuelve a demostrar la profundidad del enfrentamiento político, militar y estratégico entre ambos países.
Tanto Rusia como Ucrania siguen apostando al desgaste prolongado mientras buscan mantener respaldo internacional y capacidad militar suficiente para sostener el conflicto.
En ese contexto, cada intento de cese temporal de hostilidades parece quedar rápidamente absorbido por una guerra que ya funciona bajo una lógica de confrontación permanente y de altísima intensidad.