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Neuquén AR

Romina Millapán declaró en el juicio por el transfemicidio de su hermana Azul y relató años de discriminación, abusos y violencia

 

La testigo repasó ante el jurado la infancia, la transición y las dificultades económicas de Azul Mía Natasha Semeñenko, asesinada el 25 de septiembre de 2025 en Neuquén.

Romina Millapán, hermana de Azul Mía Natasha Semeñenko, fue una de las primeras testigos en declarar este viernes en el juicio por jurados por el transfemicidio ocurrido el 25 de septiembre de 2025. Según informó LM Neuquén, reconstruyó la historia familiar desde la infancia, los episodios de bullying y violencia que sufrió por ser mujer trans, su transición y los últimos años antes del crimen.

Su testimonio fue solicitado por todas las partes. Las acusadoras buscarán acreditar un homicidio triplemente agravado: por ensañamiento, por haber sido cometido por un hombre contra una mujer mediando violencia de género y por odio hacia la identidad de género de la víctima.

Antes de la declaración, la querella pidió que la testigo no tuviera contacto visual con el acusado, Roberto Daniel Sánchez, para evitar una posible revictimización. La Fiscalía acompañó el planteo y la defensa se opuso, y el juez Luciano Hermosilla resolvió que Sánchez siguiera el testimonio desde otra sala, a través de una pantalla y con las condiciones necesarias para el contraexamen.

La infancia y los primeros episodios de discriminación

Romina tiene 33 años y es 15 años menor que Azul, quien nació en Uruguay y antes se llamaba Daniel Semeñenko. A los seis años emigró con su madre, Cristina, hacia Neuquén para escapar de la violencia del padre, y allí manifestó que quería ser nena, aunque un control médico indicó que era muy temprano para decidirlo.

Durante la primaria, en la Escuela 61, era apartada y molestada por preferir el contacto con las nenas, y el bullying continuó en la secundaria. Romina contó que su hermana llegó a decir que no quería volver a la escuela, y que su madre le pedía que fuera valiente.

Cuando Azul tenía nueve o diez años, su madre la encontró llorando y le dijo que Luis, quien sería su pareja, había abusado de ella. La madre lo denunció y el hombre estuvo preso tres años, aunque según el relato luego volvió con él bajo amenazas, y siempre le reprochó que no tenía un hijo “maricón”.

La defensa objetó esta parte del interrogatorio por considerarla impertinente para un hecho de homicidio. El juez, tras escuchar a la querella y a la fiscalía, consideró válido contextualizar circunstancias de la vida de Azul y pidió continuar.

La violencia en la calle y las crisis personales

Romina recordó una noche en la que un grupo de jóvenes insultó a su hermana y esta regresó a la casa sin remera y sin alpargatas, pidiéndole que no se lo contara a su madre. En otra ocasión, mientras trabajaba en un puesto de panchos de avenida Argentina y San Martín, un grupo la golpeó al terminar su turno, le rompió el celular y le fracturó el brazo derecho, lo que le dejó una discapacidad leve.

Relató además dos episodios de autolesión y un intento de suicidio ocurridos cuando todavía era conocida como Daniel, en períodos de falta de trabajo y discriminación. Tras pedir ayuda, Daniel realizó tratamiento durante unos tres años por depresión y ansiedad, que debió interrumpir porque el sistema público no tenía especialistas disponibles.

Durante el juicio, la defensa intentó retomar esos episodios para preguntar por consumo problemático de drogas y por una declaración previa de Romina, con el fin de demostrar que había mentido. La querella cuestionó el planteo y el juez Hermosilla señaló que no correspondía reinterpretar una declaración según lo que una de las partes consideraba que significaba.

La transición de Daniel a Azul

Romina contó que su hermana volvió a visitarlos con el pelo más largo y usando rubor, hasta que consiguió un trabajo estable y alquiló una vivienda. Un día la llamó para festejar con tiramisú y le mostró su DNI, donde figuraba el nombre Azul Mía Natasha, y Romina recordó que “estaba chocha, era feliz”.

La familia acompañó el proceso y Azul hablaba de futuras operaciones y de las dificultades económicas para acceder a ellas. Primero pidió que quedara entre ellas, y luego se lo contaron a su madre y a sus hermanos, que según Romina no tuvieron nada que discutir.

La testigo recordó también una salida a un recital de Babasónicos en la Fiesta de la Confluencia, donde un grupo de jóvenes las insultó mientras ella estaba en un baño químico. Sintió miedo de que se pasara a la agresión física y pidió ayuda a una policía cercana, que les dijo que las iba a cuidar.

Los últimos años de Azul

Romina se enteró de la desaparición por su hermano Marcos, quien le envió una captura de una publicación en la que se buscaba a Azul. Explicó que no tenía contacto frecuente con ella, aunque Azul le había contado sus dificultades económicas y la necesidad de reunir dinero para una operación.

Según su relato, Azul le habló de la necesidad de ejercer la prostitución y le advirtió que debía conseguir drogas porque era lo que pedía el cliente. Romina le dijo que necesitaba tiempo porque se estaba exponiendo, en un contexto de repetidos casos de femicidios que veía en las noticias.

También mencionó el caso de un médico que ayudaba a Azul con el alquiler y que, según le confió, sostenía que tenía derecho a ciertas situaciones porque pagaba por el servicio. Azul había logrado un trabajo formal en el Centro de Atención a la Víctima, pero el salario no le alcanzaba y el trabajo sexual fue una de las alternativas que tuvo.

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