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Esta semana comienza la cosecha de pera William’s, la variedad emblemática del Alto Valle, y lo hace bajo un panorama de incertidumbre que refleja la crisis estructural que atraviesa la fruticultura regional. La campaña 2026 arranca con volúmenes más bajos y conflictos pendientes de la temporada anterior, generando preocupación entre productores, empresas y trabajadores.
En los valles de Río Negro y Neuquén hay cerca de 7.000 hectáreas de pera William’s, de las cuales unas 6.500 hectáreas están en Río Negro y 500 en Neuquén. A pesar de su importancia histórica, la superficie ha ido reduciéndose: en los últimos diez años se perdieron 2.300 hectáreas, un 25% del total, debido a la baja rentabilidad y las dificultades de mantener la producción.
A esto se suma el impacto climático: heladas y tormentas de granizo durante la primavera y el verano afectaron significativamente los cultivos, y se proyecta que la producción difícilmente supere las 220.000 toneladas, por debajo del promedio histórico de 240.000 toneladas.
El malestar entre los productores es profundo. Muchos aún no han cobrado la fruta entregada en la campaña anterior, mientras se negocia la cosecha que comienza. Los precios de liquidación pasados oscilaron entre $250 y $400 por kilo, valores por debajo del costo de producción. La combinación de pagos diferidos y costos crecientes genera un círculo de presión económica que dificulta la continuidad de pequeños y medianos chacareros.
“Hasta no tener precio firme y que me paguen la deuda de la campaña pasada, no entrego un kilo más. Prefiero no cosechar a seguir en este juego donde el único que gana es el empresario”, afirmó un productor de Cinco Saltos, reflejando la tensión que viven cientos de chacareros en la región.
Desde el lado empresarial, las explicaciones se centran en el contexto macroeconómico: inflación alta, atraso cambiario y costos internos en aumento dificultan la rentabilidad y la competitividad en los mercados locales e internacionales. Algunos empresarios incluso admiten que deberán importar fruta para cubrir la demanda interna, en medio de la caída de la producción local.
El vacío de liderazgo de las entidades representativas y la presión sindical sobre los trabajadores rurales completan un triángulo de conflictos que marca esta campaña. Las paritarias del gremio comienzan esta semana, con un reclamo del 31% que los empresarios ofrecieron cubrir solo en un 15%, y la advertencia de que “sin acuerdo no se levanta la fruta” pone en tensión la recolección.
La cosecha de pera William’s 2026 no solo enfrenta problemas climáticos y económicos, sino también una estructura de producción debilitada. Menos hectáreas, productores endeudados y conflictos laborales reflejan que la fruticultura del Alto Valle continúa funcionando, pero cada vez más al límite, en un equilibrio frágil que difícilmente soportará nuevas campañas sin cambios sustanciales.