En el suroeste de la ciudad, 120 familias enfrentan el invierno con leña y garrafas, mientras sueñan con la llegada del gas natural y el fin de los inviernos congelados.
En el barrio Labraña de Cipolletti, la lucha diaria contra el frío polar es una realidad que se extiende desde hace más de 50 años. Ubicado junto al río Neuquén, este sector de la ciudad se ha convertido en un símbolo de resistencia comunitaria: más de 120 familias viven el invierno refugiándose como pueden, sin gas natural, utilizando leña y garrafas que cada año cuestan más y se hacen más difíciles de conseguir.
Mariana Santillán, vecina y referente del barrio, encarna la resiliencia de esta comunidad. Además de trabajar vendiendo churros y pan casero para sostener a sus ocho hijos, lidera el comedor “Los afortunados de Labraña”, un espacio comunitario donde alimenta a decenas de niños. Su fogón encendido y su sonrisa franca hablan de la fortaleza que sostienen a este barrio en los días más fríos del año.
Un invierno que no da tregua
La madrugada del lunes, Cipolletti amaneció con temperaturas de -11°C. Para quienes viven en Labraña, el frío no solo se siente: se filtra por techos, paredes y ventanas mal selladas. Sin acceso a la red de gas, los vecinos deben abastecerse con garrafas que superan los 20 mil pesos y con leña, cuyo valor por un bin ronda los 65 mil pesos y dura apenas unos días.
Barrios cercanos como Costa Norte, Los Olmos, Los Sauces y La Ribera viven la misma situación: años de espera y promesas incumplidas. Muchos recién lograron regularizar sus tierras y obtener escrituras, un paso indispensable para soñar con obras de gas natural que siguen sin concretarse.
El esfuerzo que no alcanza
En Labraña, la solidaridad es la única calefacción segura. “El Plan Calor antes nos traía bolsas de leña cada 15 días, ahora es una vez por mes y no alcanza. Una bolsa de leña dura un día, no más”, cuenta Mariana. Para cubrirse del frío, improvisan fogones en patios, mantienen encendidas estufas a gas envasado y se ayudan entre vecinos para transportar las garrafas cuando no pueden pagar un taxi.
“Me encantaría que el camión repartidor venga directo al barrio para que todos puedan recargar sin moverse. A veces yo misma llevo y traigo garrafas en la moto con la que reparto churros”, relata Mariana, quien cada semana multiplica esfuerzos para que nadie quede sin calefacción.
Una esperanza que se hace esperar
Los vecinos ven cada invierno como un desafío más que enfrentar. Aunque las gestiones para llevar gas natural a Labraña avanzaron con la regularización dominial, saben que los recursos estatales son limitados y que la obra podría tardar años. Mientras tanto, Mariana sueña con el día en que el frío sea solo un dato del pronóstico y no una amenaza para la salud de los más chicos y los adultos mayores del barrio.
El valor de la comunidad
El barrio Labraña simboliza la resistencia de tantas familias que viven a las puertas de la ciudad pero siguen relegadas de servicios básicos. En cada bolsa de leña encendida, en cada garrafa repartida y en cada plato servido en el comedor, se construye una red solidaria que resiste el frío y la indiferencia.
Mientras esperan que el gas natural sea una realidad y no una promesa, el calor de la comunidad es la llama que nunca se apaga en este rincón de Cipolletti.
