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El ciclo de Ruben Amorim en el banco de Manchester United llegó a su fin tras una etapa marcada por la irregularidad, los malos resultados y la falta de evolución futbolística. La dirigencia del club inglés resolvió su salida luego del empate 1-1 frente a Leeds United, un resultado que profundizó el distanciamiento del equipo respecto de los puestos de vanguardia en la Premier League y aceleró una decisión que venía madurando desde hace semanas.
Un final anunciado en Old Trafford
El entrenador portugués, de 40 años, había asumido en noviembre de 2024 con la expectativa de iniciar un proceso de reconstrucción deportiva en uno de los clubes más grandes del fútbol europeo. Sin embargo, el paso del tiempo evidenció que los objetivos planteados no se cumplieron y que el equipo nunca logró consolidar una identidad competitiva sostenida bajo su conducción.
La salida de Amorim impacta de manera directa en el plantel, incluido el defensor argentino Lisandro Martínez, capitán del equipo y recientemente reincorporado tras una lesión prolongada. El campeón del mundo queda ahora a la espera de la designación de un nuevo entrenador que defina el rumbo futbolístico en un contexto institucional exigente y con alta presión externa.
Durante su gestión, el United acumuló resultados adversos que deterioraron su posición histórica dentro del fútbol inglés. La temporada pasada concluyó en el decimoquinto puesto de la liga, la peor campaña del club en la era moderna de la Premier League, lo que encendió señales de alarma tanto en la dirigencia como entre los hinchas.
Resultados, eliminaciones y ausencia europea
A los números negativos en el torneo local se sumaron tempranas eliminaciones en las competiciones domésticas. El equipo quedó fuera de la FA Cup en quinta ronda, fue eliminado en cuartos de final de la Copa de la Liga y perdió la final de la Europa League ante Tottenham, un desenlace que selló la ausencia del club en competiciones europeas por primera vez desde 2014.
Lejos de significar una oportunidad para enfocarse exclusivamente en el campeonato local, la nueva temporada mantuvo la tónica irregular. Manchester United apenas logró ubicarse en la mitad alta de la tabla, sin margen real para competir por el título y con una diferencia considerable respecto del líder Arsenal, situación que debilitó aún más la posición del entrenador.
La racha reciente, compuesta por tres empates, una victoria y una derrota, terminó de inclinar la balanza. El empate ante Leeds, rival histórico y de menor jerarquía presupuestaria, fue interpretado internamente como un punto de no retorno para sostener el proyecto deportivo encabezado por Amorim.
Un proyecto que no encontró funcionamiento
Desde lo táctico, el trabajo del entrenador fue cuestionado por su escasa flexibilidad. Amorim insistió con el sistema 4-3-3 que le había dado éxito en Sporting de Lisboa, pero nunca logró adaptarlo plenamente a las características del plantel del United, que mostró desequilibrios defensivos, falta de creatividad y baja eficacia ofensiva.
La directiva, no obstante, acompañó el proceso con una fuerte inversión en el mercado de pases. La llegada de Bryan Mbeumo, Matheus Cunha, Benjamin Sesko y Sanne Lammens implicó un desembolso cercano a los 200 millones de euros, una apuesta que no se tradujo en una mejora sustancial del rendimiento colectivo.
El despido también tendrá consecuencias económicas para el club. Manchester United deberá afrontar el pago del contrato vigente hasta el verano boreal de 2027, además de los más de 10 millones de euros que había invertido originalmente para desvincular al técnico del Sporting al momento de su contratación.
Con esta decisión, el club suma un nuevo capítulo a una etapa de inestabilidad que se extiende desde la salida de Sir Alex Ferguson en 2013. Desde entonces, seis entrenadores permanentes pasaron por el cargo sin lograr devolver al equipo a los primeros planos del fútbol europeo, una deuda que continúa abierta.