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Los republicanos sufrieron una contundente derrota en las elecciones de medio mandato de Estados Unidos, en un escenario marcado por la inflación, el aumento del costo de vida, los efectos económicos de la guerra contra Irán, el estancamiento del mercado laboral y la creciente desigualdad. Estos factores estuvieron entre las principales preocupaciones de los votantes, que acudieron a las urnas con la economía como uno de los ejes centrales de su decisión.
La situación recordó el eslogan de la campaña presidencial de Bill Clinton de 1992: “Es la economía, estúpido”. Con la mayoría de los hogares bajo el impacto de condiciones económicas más difíciles, los republicanos enfrentaron un escenario adverso en las urnas.
“Los votantes estadounidenses fueron a las urnas pensando en sus bolsillos”, dijo a la AFP el economista jefe de EY-Parthenon, Gregory Daco. “Casi todos los votantes, de todas las edades, niveles educativos, etnias y procedencias políticas, votaron teniendo en cuenta la economía”, agregó.
La inflación fue uno de los principales factores de preocupación. El indicador, impulsado inicialmente por los estímulos económicos durante la pandemia y las bajas tasas de interés, alcanzó en 2022 un máximo interanual del 9%, durante la presidencia de Joe Biden. Después comenzó a descender, cuando la Reserva Federal (Fed) volvió a subir las tasas de interés.
Sin embargo, la inflación comenzó a aumentar nuevamente en 2023 y no alcanzó el objetivo de largo plazo del 2% establecido por la Fed. Desde el regreso de Donald Trump a la presidencia en 2025, permaneció elevada, primero por sus amplias políticas arancelarias, que alteraron el comercio mundial, y después por las consecuencias de la guerra contra Irán.
En febrero de 2026, Trump lanzó la ofensiva contra Teherán, que provocó un aumento de los precios internacionales de la energía. La situación se agravó después de que Irán bloqueara el estrecho de Ormuz, una vía clave para el transporte marítimo de hidrocarburos.
La inflación al consumidor alcanzó en mayo un máximo de tres años, con una suba interanual del 4,2%, y desde entonces se mantuvo cerca de ese nivel. El precio de los combustibles también repercutió sobre los presupuestos familiares: hasta el miércoles, los consumidores pagaban en promedio un 38% más por la gasolina que el 28 de febrero, cuando Trump inició la guerra.
Daco señaló que el malestar de los estadounidenses no respondía únicamente al nivel de los precios, sino también al tiempo que llevaban bajo esas condiciones económicas. “Es como una piedrita en el zapato que al principio no te hace daño de ningún modo, pero con el tiempo se convierte en una cada vez más molesta, y creo que eso es lo que estás viendo con la inflación”, explicó.
La victoria demócrata en ambas cámaras del Congreso, que comenzará a partir de enero, tampoco permitirá necesariamente resolver las causas del aumento de los precios. Jonathan Schroer, de UniCredit, advirtió que los legisladores no cuentan con las herramientas para intervenir sobre los principales factores que impulsaron la inflación. “El Congreso (…) carece de las herramientas para lidiar con las dos principales causas de la inflación: la guerra en Irán y los aranceles”, afirmó en una nota.
El mercado laboral también estuvo entre las preocupaciones de los votantes. Los economistas describieron la situación del empleo en Estados Unidos con la expresión low-hire, low-fire (pocas contrataciones, pocos despidos), una caracterización de un mercado estable, pero con escasas oportunidades de crecimiento y movilidad para la mayoría de los trabajadores.
La tasa de desempleo y la creación de puestos de trabajo se mantuvieron estables durante los últimos meses, aunque las nuevas contrataciones se concentraron en pocos sectores, entre ellos la atención sanitaria y la construcción.
A ese escenario se sumó que gran parte de los salarios no acompañaron el ritmo de la inflación, por lo que los ingresos de la mayoría de los trabajadores perdieron poder adquisitivo. “Si se fija en la tasa de desempleo, la mayoría de las personas que quieren un trabajo tienen un trabajo”, señaló Daco.
Sin embargo, aclaró que la disponibilidad de empleo no necesariamente implica satisfacción con las condiciones laborales. “El problema es que puede que no estén satisfechas con las condiciones, los términos, el salario y el puesto que tienen”, agregó.
El economista también señaló que, pese a la estabilidad de los indicadores del mercado laboral, la satisfacción de los trabajadores se encuentra en niveles históricamente bajos.
La desigualdad en la distribución del crecimiento económico fue otro de los elementos señalados por los especialistas. El producto interno bruto (PIB) estadounidense creció un 3,4% en el tercer trimestre de 2026 y las acciones registraron un fuerte avance desde comienzos de año.
Sin embargo, los economistas advirtieron que los beneficios de ese crecimiento no alcanzaron de manera uniforme a toda la población.

En mayo, cuando los principales índices de Wall Street alcanzaron máximos históricos, economistas de la Reserva Federal alertaron sobre un “notable aumento” de la inseguridad alimentaria en Estados Unidos.
Los especialistas describieron ese escenario como una “economía en forma de K”, en la que los hogares de mayores ingresos prosperan mientras las familias de menores recursos enfrentan un costo de vida elevado que reduce sus perspectivas económicas. “La economía funciona bien, pero no todos se benefician por igual”, afirmó Daco.


