
El comercio minorista pyme volvió a mostrar señales de deterioro durante abril y confirmó que la recuperación del consumo sigue lejos de consolidarse. Según el relevamiento difundido por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), las ventas minoristas descendieron 3,2% interanual a precios constantes y profundizaron una tendencia contractiva que ya acumula una caída del 3,5% en el primer cuatrimestre de 2026.
El dato refleja mucho más que una variación estadística. Detrás de los números aparece un escenario de fuerte cautela en los comercios, con empresarios que enfrentan menores márgenes de rentabilidad, mayores costos operativos y consumidores que restringen compras a productos esenciales o financiados.
La baja mensual desestacionalizada del 1,3% terminó de confirmar un fenómeno que se repite desde hace meses: aun con desaceleración inflacionaria, la demanda interna no logra recomponerse al ritmo esperado y el consumo continúa condicionado por la pérdida del poder adquisitivo y el encarecimiento de los gastos básicos.
En términos prácticos, el panorama muestra una economía donde gran parte de las familias prioriza alimentos, medicamentos y gastos indispensables, mientras posterga consumos vinculados al hogar, mejoras personales o construcción.
Eso quedó reflejado en el desempeño por rubros. Los sectores más golpeados fueron Bazar y decoración, con una caída del 12,3%; Perfumería, con una baja del 7,2%; y Ferretería, materiales eléctricos y construcción, que retrocedió 4,2%.
El comportamiento no es casual. Se trata justamente de actividades muy vinculadas al consumo discrecional, es decir, aquellas compras que las familias pueden demorar frente a contextos de incertidumbre económica.
En contraste, Farmacia fue el único segmento que logró escapar de la tendencia negativa y registró un crecimiento del 6,1%, consolidando el desplazamiento del gasto hacia productos considerados prioritarios o inevitables.
El informe también deja en evidencia otro fenómeno que atraviesa al comercio argentino: la expansión sostenida de las ventas online. Durante abril, los locales físicos que también operan digitalmente registraron un crecimiento interanual del 8% en el canal electrónico y una mejora mensual del 0,7%.
Sin embargo, ni siquiera ese avance logró compensar la caída del consumo general. El comercio electrónico sigue creciendo, pero lo hace en un mercado total que continúa achicándose.
La situación genera un escenario complejo para miles de pequeños y medianos comerciantes, especialmente en ciudades del interior, donde el consumo local depende directamente del movimiento salarial, el empleo y la capacidad de gasto de las familias.
Aunque más de la mitad de los comerciantes consultados aseguró que su situación se mantiene estable respecto del año pasado, el dato no necesariamente implica una mejora. En muchos casos, esa “estabilidad” responde a niveles de actividad ya deteriorados y a estructuras comerciales que funcionan con rentabilidad mínima.
El relevamiento muestra además que persiste una fuerte cautela empresarial. El 58,7% de los comerciantes considera que no es un buen momento para invertir, mientras apenas el 12,6% cree que el contexto actual ofrece oportunidades para realizar desembolsos o ampliar negocios.
La principal preocupación continúa siendo la incertidumbre sobre los costos de reposición y la debilidad de la demanda. Muchos comercios trabajan con márgenes extremadamente ajustados y con dificultades para trasladar aumentos a precios sin perder ventas.
A esto se suma otro problema estructural: el fuerte peso de los costos fijos. Energía, alquileres, logística, servicios e impuestos continúan absorbiendo gran parte de los ingresos del sector y limitan la capacidad de recuperación.
En ese contexto, el informe de CAME marca un dato central para entender el escenario económico actual: la desaceleración inflacionaria, por sí sola, todavía no alcanza para reactivar el consumo.
El comercio pyme necesita una recuperación sostenida del ingreso real para volver a crecer. Mientras eso no ocurra, el mercado seguirá funcionando bajo una lógica defensiva, donde las familias compran menos, comparan más y priorizan exclusivamente lo indispensable.
La expectativa hacia adelante tampoco muestra señales contundentes de optimismo. Aunque el 37,2% de los comerciantes cree que la situación podría mejorar durante los próximos doce meses, la mayoría mantiene una postura prudente frente a un escenario económico todavía inestable.
En definitiva, el informe confirma que el consumo continúa siendo uno de los principales termómetros de la economía argentina y que, pese a algunos indicadores macroeconómicos positivos que exhibe el Gobierno nacional, la recuperación todavía no logra sentirse con fuerza en la actividad cotidiana de los pequeños comercios.