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En un contexto de apertura comercial acelerada, las importaciones argentinas superaron ampliamente los registros históricos. Según datos oficiales analizados por economistas, entre abril y junio de este año las compras al exterior alcanzaron los US$19.318 millones, un 7,2% más que en el mismo período de 2018, durante la gestión de Mauricio Macri. Excluyendo el rubro energético, el salto fue del 14,1%.
Aunque en junio se verificó una leve caída mensual del 1,2%, las importaciones se estabilizaron en un nivel históricamente alto. El boom se explica, en gran parte, por el ingreso de bienes de consumo final, sobre todo electrodomésticos, que crecieron un 31% frente a 2018. También hubo subas en calzado, motos y alimentos importados como bananas y paltas.
Electrodomésticos, consumo y alerta por el empleo
Según el economista Federico Bernini, del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP), el rubro que más aumentó fue el de los electrodomésticos. Sólo entre heladeras, lavarropas y calentadores se importaron US$110 millones más que en el pico de la era Cambiemos. Esto revela un fuerte apetito del mercado interno por productos importados, en un contexto de menor regulación.
El incremento en bienes terminados sin valor agregado local encendió alarmas en el sector industrial. Un informe de la Fundación Fundar advirtió que hay más de 430.000 empleos en riesgo ante la falta de políticas de reconversión o contención. Los rubros más amenazados son textiles, calzado, muebles y productos electrónicos.
El impacto desigual del modelo aperturista
Los especialistas coinciden en que la apertura comercial puede ser beneficiosa cuando se trata de insumos o maquinaria que no se fabrican en el país. Pero su efecto se vuelve negativo si afecta segmentos con capacidad productiva nacional. En esos casos, sin políticas industriales o estímulos fiscales, las pymes quedan expuestas a la competencia desleal.
“El problema no es importar, sino cómo y a quién afecta esa apertura”, señaló Bernini. Advirtió que un tipo de cambio bajo o medidas unilaterales pueden erosionar sectores que son competitivos, generando desempleo o cierres de fábricas. A su vez, remarcó que los gobiernos provinciales pueden jugar un rol clave en diseñar políticas industriales adaptadas a cada territorio.
El sector automotriz lidera en volumen de divisas
Aunque los electrodomésticos lideraron el aumento porcentual, el mayor volumen de dólares se destinó al sector automotriz, especialmente a autopartes, con un incremento de US$558 millones respecto a 2018. En cambio, la importación de autos terminados fue menor a la de ese año, aunque creció frente al trimestre anterior.

En paralelo, también subieron las compras de computadoras, fertilizantes e insumos farmacéuticos. Esto se traduce en una estructura de importaciones que, si bien diversificada, muestra una fuerte dependencia de productos finales que compiten con la producción nacional.
Una balanza comercial con superávit, pero frágil
Pese a todo, el país logró un superávit comercial cercano a los US$1.000 millones en junio, el más alto del año. La baja en las importaciones de los últimos dos meses respondió, según la consultora Abeceb, a factores estacionales y expectativas cambiarias, pero no cambia la tendencia general.
El desafío para el Gobierno será sostener esta balanza positiva sin profundizar la desindustrialización. La apertura comercial, como herramienta de modernización, requiere políticas complementarias para que sus beneficios no se conviertan en un bumerán para el empleo y la producción local.