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Para Cristian Cancela, economista de Santander Argentina, la rápida convergencia fiscal constituyó uno de los pilares de la nueva etapa. “Entre 1961 y 2023 hubo déficit fiscal el 90% del tiempo: hoy el orden fiscal es una regla”, ejemplificó. Destacó también que el ajuste se produjo sin una suba de impuestos y con reducciones tributarias, un factor que, según planteó, contribuyó a la desinflación, al saneamiento del balance del Banco Central y a la recuperación de la reputación macroeconómica del país.
Cancela sostuvo que las dos variables más observadas de la autoridad monetaria, la inflación y las reservas internacionales, ya reflejan ese cambio. “Sin dominancia fiscal, la inflación cede y el Banco Central reconstruye su balance”, dijo.
Señaló que las reservas brutas más que se duplicaron durante el período analizado y que el Gobierno supera la meta anual de acumulación de divisas acordada con el FMI. Sobre los precios, afirmó que el debate dejó de centrarse en la dirección de la inflación y pasó a concentrarse en la velocidad de la baja.
El economista también proyectó varios años consecutivos de expansión, luego de un período caracterizado por ciclos de crecimiento y caída. Entre los factores que podrían sostener esa dinámica mencionó una recuperación de la productividad, el desarrollo de las exportaciones agropecuarias, energéticas y mineras, y la llegada de inversiones. Según sus estimaciones, los sectores agrícola, energético y minero podrían pasar de exportaciones por unos USD 45.000 millones en 2025 a USD 91.000 millones en 2030.
El riesgo electoral y la hoja de balance del Banco Central
Consultado sobre los principales riesgos para la economía argentina en el contexto electoral, Cancela puso el foco en la posición del Banco Central. Señaló que la hoja de balance de la autoridad monetaria luce “mucho más mejorada” que en 2025 y que la política monetaria mantiene una orientación contractiva que, a su juicio, genera un “círculo bastante virtuoso” por el lado de los pesos. Del lado de los dólares, destacó que el Gobierno dispone de distintos instrumentos —incluyendo activos del balance del Banco Central y posiciones en futuros— para usar si fuera necesario. También proyectó un superávit comercial de entre USD 26.000 y USD 27.000 millones para el año próximo, apuntalado por la nueva matriz energética y exportadora del país.
Sobre el riesgo país, aclaró que el indicador refleja bonos con una duración promedio de diez años y que, al mirar las tasas forward de más corto plazo, el mercado no muestra dudas sobre la capacidad del Tesoro de cumplir sus obligaciones.
Cerruti, en tanto, prefirió no especular sobre escenarios políticos futuros. Subrayó que Argentina tiene por delante la tarea de consolidar sus fundamentos macroeconómicos y que lo ya conseguido —en particular el superávit fiscal— “es mucho” para un país con la historia de volatilidad que tiene. “Argentina es una rara avis por la disciplina fiscal que ha tenido”, sostuvo, y llamó a mantener el foco en los cambios estructurales, que, recordó, requieren consistencia y tiempo para rendir resultados. En su visión, las cuestiones del ciclo político son secundarias frente a la necesidad de preservar los pilares de la estabilidad.
Cuatro fuerzas que reordenan la economía mundial
En el comienzo del panel, Cerruti planteó que Santander analiza la coyuntura con una perspectiva de mediano y largo plazo, ante decisiones que pueden incidir durante años. En ese marco, identificó cuatro megatendencias que, a su criterio, reconfigurarán la economía global: la nueva geopolítica, la demografía, la transición energética y las tecnologías emergentes.
La primera abarca la reorganización de los bloques comerciales, las políticas arancelarias y las tensiones internacionales. La segunda incluye el envejecimiento de la población, con consecuencias sobre los sistemas previsionales, el consumo, el ahorro, la inversión y el mercado laboral.
La transición energética, agregó, combina el cambio climático, las nuevas fuentes de energía y los riesgos asociados a ese proceso. En tecnología, Cerruti propuso una mirada más amplia que la inteligencia artificial, aunque la ubicó entre las innovaciones más disruptivas de los últimos años. También mencionó la computación cuántica y otras herramientas que podrían modificar la productividad y la actividad económica durante la próxima década.
Según el economista, el mundo atraviesa una transición desde un modelo centrado en la globalización y la eficiencia hacia otro basado en las autonomías estratégicas. La pandemia, los conflictos bélicos y las disputas comerciales llevaron a los países y las empresas a priorizar, además de la eficiencia, el abastecimiento de energía, alimentos y recursos vinculados con la seguridad nacional.
Cerruti sostuvo que la economía global mostró una capacidad de resistencia mayor que la prevista frente a los sucesivos shocks, aunque crece a un ritmo menor y cuenta con menos margen de respuesta. Comparó el crecimiento promedio anual de 3,7% durante las dos primeras décadas del siglo con una proyección de entre 3,1% y 3,3% para los próximos años. Atribuyó esa menor capacidad de maniobra al aumento de la deuda pública y a una inflación todavía superior a los niveles previos a la pandemia.


