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Karina Milei consolida su poder, ordena el Gabinete y redefine la estrategia libertaria en el Congreso

Con el Gabinete ya completo tras las elecciones, la hermana del Presidente emerge como figura central del oficialismo. Acuerdos inesperados, tensiones internas y una hoja de ruta marcada por la reforma laboral, el Presupuesto 2026 y la negociación con gobernadores.

 

 

Por estos días, la Casa Rosada exhibe una postal distinta a la de meses atrás. Con el Gabinete finalmente conformado y las urgencias electorales superadas, el oficialismo ingresa en una nueva etapa política marcada por un dato clave: la consolidación del poder interno de Karina Milei, quien ya no actúa solo como armadora, sino como autoridad indiscutida dentro del Gobierno.

La escena ocurrida durante la jura del nuevo ministro de Defensa, Carlos Presti, fue ilustrativa. Antes de que ingresara el Presidente, Karina Milei se adelantó, dio una orden breve —“Párense todos así el Gabinete lo recibe”— y el Salón Blanco respondió de inmediato. Ministros, secretarios y diplomáticos acataron sin reparos. En Balcarce 50 ya nadie discute quién fija la dinámica interna. “El Jefe”, como la llaman puertas adentro, ejerce ese rol sin matices.

La formalización del Gabinete llegó después de semanas de reacomodamientos silenciosos. Karina Milei auditó los cambios, capitalizó los movimientos y dejó en claro que no habrá disputas innecesarias en la cúpula. En ese esquema, Santiago Caputo, tras un período de incertidumbre, optó por replegarse tácticamente: seguirá operando como asesor clave y articulador en áreas sensibles, con aval explícito del Presidente. Conserva influencia en inteligencia, en el armado legislativo bonaerense y en nuevas áreas estratégicas del Estado.

“El mensaje fue claro: cada uno tiene muchas responsabilidades y no hay margen para disputas menores”, resumió un funcionario del entorno presidencial. El consenso interno es que el esquema actual se mantendrá, al menos, hasta el inicio del próximo período legislativo.

Acuerdos impensados y una tregua funcional

El nuevo clima interno también habilitó escenas que hasta hace poco parecían improbables. Eduardo “Lule” Menem, referente del armado karinista con fuerte peso territorial, y Santiago Caputo se mostraron dialogando en actos oficiales y reuniones políticas. La señal no pasó inadvertida: para que La Libertad Avanza funcione como maquinaria de poder, las internas deben quedar en segundo plano.

Esa lógica también se traslada a la estrategia legislativa. Aunque las diferencias persisten, se impuso una postura más pragmática frente a la reforma laboral. Caputo y los Menem coinciden en la necesidad de reducir el nivel de conflicto, dialogar con sectores sindicales y evitar un escenario de confrontación total que complique la gobernabilidad. “Lo importante es avanzar, mostrar capacidad de reforma y no generar turbulencias innecesarias”, explican cerca del Gobierno.

La línea más dura, encarnada por Federico Sturzenegger y Patricia Bullrich, perdió terreno en esta etapa. Mientras el ministro desregulador insiste en confrontar de lleno con el entramado sindical-peronista, el ala política del Gobierno privilegia una estrategia gradual que permita acumular victorias legislativas.

El Congreso, los tiempos y la verdadera prueba

En el oficialismo reconocen que la reforma laboral no estará sancionada antes de fin de año. El mejor escenario es obtener dictamen y, eventualmente, media sanción en las próximas semanas, para retomar el debate fuerte entre enero y febrero. La oposición ya anticipa una ofensiva judicial, cuestionando el origen del proyecto en el Senado por su impacto tributario.

Sin embargo, en Casa Rosada aseguran que el verdadero objetivo inmediato es otro: aprobar el Presupuesto 2026. Lo exigen los gobernadores, la administración pública y el Fondo Monetario Internacional. “Esa es nuestra prueba de fuego”, admiten en la mesa chica presidencial.

Los votos, sostienen, están prácticamente asegurados. El crecimiento del bloque libertario y los acuerdos bilaterales con gobernadores explican el escenario. No hubo cumbres multitudinarias ni gestos grandilocuentes: la estrategia fue negociar distrito por distrito y cumplir compromisos. El reciente giro de fondos a Tucumán vía ATN fue leído como una señal concreta de esa lógica.

El vínculo con las provincias se apoya en una consigna clara: premios para quienes mantengan disciplina fiscal. Nación no habilitará endeudamientos nuevos, solo refinanciaciones, y espera que los gobernadores acompañen un ajuste más profundo en 2026. El equipo económico ya comprometió ante el FMI un superávit primario del 2,2% del PBI, casi el doble del logrado este año.

En ese marco, el Gobierno necesita que el Congreso valide su narrativa: reformas, previsibilidad y crecimiento. “Sin crecimiento no hay inversiones ni empleo”, repiten en Balcarce 50. Para Javier Milei, pero también para Karina, el desafío es el mismo: demostrar que el poder que hoy se ordena puertas adentro puede traducirse en resultados concretos hacia afuera.

Si querés, también puedo proponerte títulos alternativos más duros, una versión más corta tipo análisis político, o una edición con foco exclusivo en Karina Milei como figura de poder.

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