
Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) llevaron a cabo un ataque “a gran escala” en Teherán contra cuarteles generales, sistemas de misiles balísticos e infraestructura central del régimen iraní. Entre los objetivos alcanzados se encuentra el cuartel general de la unidad de seguridad del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, responsable de reprimir protestas y disturbios internos.
El operativo se enmarca en un contexto de crecientes ataques cruzados entre Israel e Irán, que también involucraron disparos de proyectiles contra Israel y advertencias a civiles en el sur del Líbano sobre posibles ataques a posiciones de Hezbollah. El Ministerio de Salud israelí informó que 192 personas resultaron heridas en las últimas 24 horas, la mayoría con lesiones leves.

El impacto de la escalada se sintió en los mercados energéticos: el petróleo WTI bajó más del 4% hasta USD 92,11 el barril, mientras que el Brent descendió a USD 100,50. Irak reanudó parcialmente sus exportaciones de petróleo a través de Turquía, tras interrupciones en el estrecho de Ormuz, mientras que aproximadamente 90 barcos han cruzado esta vía marítima desde el inicio del conflicto, muchas veces por rutas clandestinas.
En paralelo, Israel confirmó la eliminación de Yahya Abu Labdah, responsable del proyecto de misiles de precisión de Hamas, y el régimen iraní ejecutó a Kouroush Keyvani, acusado de espiar para Israel.
Desde Washington, el presidente Donald Trump expresó su preocupación por la limitada participación de aliados europeos de la OTAN ante la crisis, especialmente en la protección y apertura del estrecho de Ormuz, punto estratégico de tránsito petrolero.
El Ejército israelí advirtió que seguirá operaciones con fuerza en la región para neutralizar amenazas de grupos respaldados por Irán, mientras la tensión en Medio Oriente alcanza niveles críticos con implicancias globales en seguridad y energía.