Exxon Mobil tomó distancia de los planes impulsados por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para reactivar la industria petrolera venezolana y calificó al país como “no apto para invertir”, al advertir que no existen hoy garantías legales, comerciales ni de seguridad que justifiquen un desembarco de capitales.
La definición fue expuesta por el CEO de la compañía, Darren Woods, durante una reunión convocada por Trump en la Casa Blanca con casi 20 representantes de la industria energética, en la que el mandatario presionó a las petroleras para comprometer inversiones por al menos 100.000 millones de dólares en Venezuela.
Desde la mirada de Exxon, el principal obstáculo no es el potencial geológico del país, sino el marco institucional. Woods recordó que la empresa sufrió en dos oportunidades la confiscación de activos por parte del gobierno venezolano, un antecedente que sigue pesando en cualquier análisis de riesgo.
“El problema no es el recurso, sino el contexto”, planteó el directivo al señalar que, bajo las reglas actuales, Venezuela no ofrece previsibilidad para inversiones de largo plazo. En ese sentido, puso el foco en la falta de garantías sobre la estabilidad de los contratos, la repatriación de utilidades y la protección del capital.
Woods cuestionó de manera explícita la durabilidad de cualquier eventual acuerdo. “¿Qué tan sólidas son las protecciones financieras? ¿Cómo serán las ganancias? ¿Cuáles son los marcos legales que regirán dentro de diez o veinte años?”, enumeró, al explicar por qué Exxon no considera viable avanzar en el corto plazo.
La postura de la petrolera marca un contraste con el optimismo expresado por Trump tras el encuentro. El presidente aseguró ante la prensa que existía un acuerdo con la industria para avanzar en la extracción de crudo venezolano, aunque no presentó compromisos concretos por parte de Exxon.
A pesar de su rechazo actual, Woods dejó una puerta entreabierta al aclarar que la compañía estaría dispuesta a enviar equipos técnicos a Venezuela solo si existiera una invitación formal acompañada de garantías de seguridad y cambios sustanciales en las reglas de juego.
La cautela de Exxon también refleja una posición histórica de la empresa frente a entornos de alta inestabilidad política. A diferencia de otras petroleras que aún mantienen operaciones residuales en Venezuela, Exxon se retiró del país hace años tras los procesos de nacionalización.
Desde la visión corporativa, cualquier retorno implicaría no solo una inversión multimillonaria en infraestructura deteriorada, sino también la necesidad de un cambio profundo en el comportamiento del Estado venezolano respecto de las empresas privadas.
En ese marco, Exxon se desmarcó del discurso de urgencia planteado por la Casa Blanca. Mientras Trump sostiene que Estados Unidos puede ofrecer garantías directas a las compañías, Woods dejó en claro que las decisiones de inversión no se toman por presión política sino por viabilidad económica y jurídica.
La postura de Exxon expone así uno de los principales límites del plan estadounidense: sin reformas estructurales en Venezuela y sin reglas estables, incluso las mayores petroleras del mundo prefieren mantenerse al margen, aun frente a uno de los reservorios de crudo más grandes del planeta.


