
La Premio Nobel de la Paz 2023, Narges Mohammadi, lanzó una de las denuncias más graves contra el régimen iraní desde el inicio de las protestas que sacuden al país. En un mensaje difundido por su fundación, la activista aseguró que las fuerzas de seguridad “están ejecutando a sangre fría” a los manifestantes y que la represión se desarrolla bajo un prolongado apagón de Internet que dificulta la verificación independiente de los hechos.
Según Mohammadi, el corte casi total de las comunicaciones, que ya supera las 70 horas, encubre una ofensiva coordinada en distintas regiones de Irán. Los reportes que lograron salir del país hablan de tiroteos masivos, uso sistemático de munición letal contra civiles desarmados y miles de personas cuyo paradero se desconoce tras operativos de detención a gran escala.
Las protestas, que comenzaron en Teherán hace dos semanas por el deterioro económico, se extendieron rápidamente a otras ciudades y derivaron en consignas directas contra el liderazgo del ayatolá Ali Khamenei. A pesar del despliegue represivo, miles de personas continuaron movilizándose durante el fin de semana, con cánticos contra el régimen y llamados a un cambio político profundo.
Organizaciones de derechos humanos advirtieron sobre un aumento abrupto de la violencia estatal. Amnistía Internacional confirmó que está analizando “informes preocupantes” sobre el uso ilegal de fuerza letal por parte de las fuerzas de seguridad, mientras NetBlocks informó que la conectividad en el país se encuentra prácticamente interrumpida desde hace varios días.
Desde el exterior, la reacción internacional no tardó en llegar. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, se declaró “impactado” por los reportes de violencia contra manifestantes y pidió a las autoridades iraníes “máxima moderación” y el cese del uso desproporcionado de la fuerza. En la misma línea, distintas capitales europeas registraron movilizaciones en apoyo a las protestas, con concentraciones en Londres, París y otras ciudades.
En contraste, el gobierno iraní decretó tres días de duelo nacional por los “mártires”, incluidos miembros de las fuerzas de seguridad, y convocó a una marcha oficial de respaldo al régimen. El presidente Masud Pezeshkian acusó a “grupos terroristas urbanos” de provocar los disturbios y defendió el accionar de las fuerzas del Estado.
Para Mohammadi, sin embargo, el panorama es inequívoco. “Lo que ocurre en Irán es una masacre”, advirtió, y llamó a la comunidad internacional a no mirar hacia otro lado frente a lo que describió como una escalada represiva sin precedentes. Mientras persista el apagón informativo, la dimensión real de las víctimas sigue siendo incierta, pero las denuncias que logran atravesar el bloqueo dibujan un escenario de extrema gravedad para los derechos humanos en el país persa.