
La salida de Demian Reidel de la presidencia de Nucleoeléctrica Argentina abrió una crisis de alto voltaje en el sector nuclear y dejó expuesta una interna política que trasciende lo técnico. La renuncia —o desplazamiento, según distintas versiones— se produjo en un contexto de acusaciones por presuntas irregularidades contractuales, conflictos con el cuerpo técnico y el reordenamiento del área bajo la órbita del Ministerio de Economía.
Reidel, uno de los asesores más cercanos al presidente Javier Milei y arquitecto del denominado Plan Nuclear Argentino, quedó en una posición debilitada tras la suspensión de dos gerentes de su confianza y una serie de cuestionamientos internos por contrataciones con supuestos sobreprecios. La tensión escaló hasta convertirse en un quiebre de conducción.
La creación de la nueva Secretaría de Asuntos Nucleares dentro de Economía, encabezada por Federico Ramos Napoli, terminó de sellar el desplazamiento. El control político del área cambió de manos y el esquema que había diseñado Reidel perdió respaldo en la mesa chica del oficialismo.
Contratos bajo la lupa y choque con “la línea” técnica
El detonante formal fue una licitación de servicios de limpieza que habría registrado aumentos del 140% respecto de valores de referencia, además de una contratación directa de software con incrementos que superaban ampliamente los parámetros habituales. Aunque desde el entorno de Reidel sostuvieron que no hubo perjuicio fiscal porque no se emitieron órdenes de compra, el episodio derivó en sumarios internos y en la suspensión de altos funcionarios.
Sin embargo, el conflicto de fondo fue con los técnicos de planta, conocidos internamente como “la línea”. Se trata de especialistas con certificaciones internacionales responsables de la cultura de seguridad nuclear en las centrales Atucha I, Atucha II y Embalse. Según fuentes del sector, el intento de remover a algunos de ellos tras informes críticos generó una reacción corporativa que terminó aislando a la conducción.
La tensión alcanzó un punto máximo cuando intervino la World Association of Nuclear Operators (WANO), organismo internacional que supervisa estándares de seguridad. Advertencias formales y visitas técnicas incrementaron la presión sobre la gestión, en un momento en que el Gobierno impulsa una privatización parcial de la compañía.
Un plan ambicioso y una reconfiguración estratégica
Reidel había presentado a fines de 2024 el Plan Nuclear Argentino junto a Milei y al titular de la Agencia Internacional de Energía Atómica, con foco en el desarrollo de reactores modulares (SMR), la expansión de centros de datos alimentados con energía nuclear y la reactivación de la minería de uranio.
El proyecto apuntaba a posicionar a la Argentina en la nueva agenda energética global vinculada a la inteligencia artificial y a la demanda creciente de energía limpia. No obstante, dentro del propio sector surgieron críticas sobre la viabilidad de fabricar un reactor modular en plazos acotados y con financiamiento limitado.
La nueva conducción, en cambio, prioriza el abastecimiento de uranio y la consolidación de la cadena de suministros. En 2024, el país estuvo a pocas semanas de enfrentar un faltante crítico de combustible nuclear, lo que puso en evidencia debilidades estructurales y aceleró cambios de conducción.
Privatización parcial y futuro incierto
El Congreso autorizó la venta de hasta el 44% de las acciones de Nucleoeléctrica. Aunque hubo sondeos preliminares, el mercado observa con cautela la operación debido a los riesgos técnicos y regulatorios del negocio. La valuación y el diseño del proceso licitatorio aún están en etapa preliminar.
Mientras tanto, la empresa mantiene un presupuesto anual cercano a los mil millones de dólares y continúa operando las centrales nucleares que aportan una porción relevante de la generación eléctrica nacional. La extensión de vida de Atucha I y la próxima parada técnica de Atucha II se presentan como desafíos operativos inmediatos.
La salida de Reidel no solo reconfigura el tablero nuclear. También deja interrogantes sobre su rol futuro dentro del esquema presidencial y sobre el alcance real del ambicioso plan que había impulsado. En un sector estratégico y altamente sensible, la política volvió a imponerse sobre la ingeniería.