Aunque la provincia muestra mejores niveles de empleo registrado que la media nacional, los bajos salarios y la pérdida del poder adquisitivo empujan a miles de trabajadores bajo la línea de pobreza. El fenómeno refleja las desigualdades estructurales del mercado laboral argentino.
Río Negro logró en los últimos meses sostener niveles de empleo formal por encima del promedio nacional, pero ese dato no alcanza para ocultar una realidad más profunda: cada vez más trabajadores pobres. Según un estudio del IERAL de la Fundación Mediterránea, más del 21% de los ocupados del país no logra cubrir el costo de la canasta básica, lo que equivale a unos 4,5 millones de personas.
En el caso de Río Negro, los indicadores laborales muestran una combinación particular: una tasa de empleo formal en crecimiento, especialmente en el sector público y en servicios, pero con salarios reales que perdieron más del 25% de su poder de compra en el último año. Esa pérdida erosiona la capacidad de consumo incluso entre quienes tienen trabajo registrado.
El estudio, elaborado por Laura Caullo y Federico Belich, advierte que “tener empleo ya no garantiza salir de la pobreza”, una frase que se verifica en distintos puntos de la provincia. La inflación, los contratos temporarios y la suba del costo de vida empujan a miles de familias rionegrinas a una situación de vulnerabilidad.
A nivel nacional, las provincias con mayores tasas de trabajadores pobres son Tucumán, Salta, Santiago del Estero, Formosa y San Juan, donde la informalidad supera el 50%. Río Negro, en cambio, se ubica en un nivel intermedio: tiene una de las tasas más altas de formalización del empleo en la Patagonia, pero el deterioro de los ingresos la coloca cada vez más cerca del promedio nacional de pobreza laboral.
Entre los trabajadores informales e independientes no registrados, la situación es aún más crítica: el 40% vive por debajo de la línea de pobreza, según el informe. En el caso de los asalariados formales, la cifra baja al 9,7%, pero incluso en ese grupo el costo de vida creciente y los sueldos congelados en sectores como comercio, hotelería o servicios públicos profundizan la desigualdad.
El diagnóstico del IERAL plantea que el país necesita “crear más empleo, pero sobre todo de mejor calidad”. En Río Negro, los analistas coinciden en que la clave está en promover la diversificación productiva, fortalecer la capacitación técnica y mejorar los incentivos para la contratación formal.
Mientras tanto, los números revelan una tendencia preocupante: en la provincia, como en buena parte del país, tener trabajo ya no equivale a vivir con dignidad. La pobreza laboral se consolida como uno de los desafíos más urgentes de la pospandemia y del nuevo ciclo económico.

