
La controversia se abrió luego de que Patricia Bullrich planteara en el Senado la posibilidad de separar el proyecto de Ficha Limpia del paquete integral de reforma política enviado por el Ejecutivo semanas atrás. La iniciativa buscaba avanzar rápidamente con uno de los puntos más sensibles para la opinión pública, aunque en Balcarce 50 la reacción fue inmediata y marcadamente negativa.
Desde el entorno presidencial dejaron trascender que la intención del Gobierno sigue siendo sostener el proyecto completo, sin fragmentaciones ni modificaciones parciales. La respuesta expuso algo más profundo que una diferencia parlamentaria: reveló el creciente desgaste interno dentro de La Libertad Avanza y la disputa silenciosa por el control político del oficialismo.
El malestar dentro de la Casa Rosada apunta directamente contra Bullrich, a quien distintos sectores del Gobierno acusan de buscar autonomía política y protagonismo propio en medio de una interna cada vez menos disimulada.
La tensión no es nueva, pero empieza a adquirir otra dimensión. La senadora quedó en el centro de las críticas luego de cuestionar públicamente al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y exigirle que presentara su declaración jurada antes de los plazos legales. El episodio cayó especialmente mal dentro del círculo presidencial porque Adorni aparece hoy como uno de los funcionarios más protegidos por Javier Milei y Karina Milei.
En el oficialismo interpretan que Bullrich intenta construir volumen político propio apoyándose en su nivel de conocimiento público y en las encuestas favorables que mantiene principalmente en la Ciudad de Buenos Aires. Pero el problema para la senadora es que el verdadero control político del armado libertario sigue concentrado en Karina Milei.
La reforma política como escenario de poder
Detrás de la discusión técnica sobre Ficha Limpia aparece una pelea mucho más relevante: quién define la estrategia política del oficialismo y quién controla el vínculo con el Congreso.
La reforma electoral es uno de los proyectos más sensibles para Milei porque toca el corazón del sistema político. Eliminación de PASO, financiamiento electoral, rediseño institucional y Ficha Limpia forman parte de un paquete que el Presidente pretende mostrar como una transformación estructural de la política argentina.
Por eso, dentro de la mesa política libertaria consideran que dividir el proyecto debilitaría la narrativa oficial y fragmentaría el impacto político que busca construir el Gobierno.
El problema es que el Senado continúa siendo uno de los territorios más complejos para La Libertad Avanza. El oficialismo necesita negociar permanentemente y enfrenta dificultades para ordenar una estrategia parlamentaria uniforme. En ese contexto, cualquier movimiento individual genera ruido interno.
La discusión de fondo también revela otro dato importante: la dificultad del Gobierno para sostener cohesión política mientras crece la presión electoral y se acerca el armado de listas para 2027.
Karina Milei, Santiago Caputo y una interna que ya no se oculta
La tensión entre Bullrich y la Casa Rosada se produce además en medio de otra disputa silenciosa dentro del oficialismo: el enfrentamiento entre el sector alineado con Karina Milei y el espacio que responde al asesor presidencial Santiago Caputo.
Aunque Javier Milei evita intervenir públicamente, la interna comenzó a filtrarse en decisiones políticas, armado territorial y estrategias legislativas. La senadora intentó en varias oportunidades que el Presidente mediara en esos conflictos, pero hasta ahora no encontró respaldo explícito.
En el oficialismo reconocen que Bullrich conserva volumen político y capacidad de instalación pública, pero remarcan que las definiciones estratégicas continúan centralizadas en el núcleo duro presidencial.
La frase que más se repite en Balcarce 50 es reveladora: “Todavía falta mucho para 2027”. Traducido al lenguaje político, significa que ninguna candidatura ni liderazgo interno está garantizado.
Mientras tanto, la reforma política quedó convertida en mucho más que un proyecto legislativo. Hoy funciona como el nuevo campo de batalla donde el oficialismo empieza a mostrar sus propias fracturas internas, tensiones de liderazgo y disputas por el control del futuro libertario.