
El portal, que se autodefine como “espacio de defensa para hombres”, difundió un texto titulado “El historial de coerción, manipulación, hostigamiento y amenazas que marcaron el comportamiento de Luna Giardina previo al secuestro de Pedro Laurta”. Bajo esa narrativa, construyó un relato de inversión de roles: el agresor aparecía como un “padre desesperado” y la víctima como una “acosadora desequilibrada”.
La fabricación del victimario como víctima
En sus publicaciones, el sitio describía a Giardina con un lenguaje deshumanizante: “psicopatología”, “hipersexualidad”, “conductas impulsivas” y “necesidad compulsiva de mentir”. En paralelo, retrataba a Laurta como “un hombre sometido a la justicia feminista” y “víctima de un sistema que discrimina a los padres”.
La estrategia, común en comunidades virtuales misóginas, apunta a desacreditar las denuncias de las mujeres, invertir las responsabilidades y generar empatía con el agresor. En este caso, esa operación mediática se transformó en una herramienta de hostigamiento que amplificó la violencia psicológica previa al crimen.
De la manipulación al discurso de odio extremo
El contenido del sitio escalaba hasta niveles de delirio, llegando a comparar a Giardina con “madres homicidas” y a acusarla de “seguir un manual de abuso infantil y manipulación”. En uno de los pasajes más agresivos, los autores escribieron:
“Estas acciones (…) llegando al extremo del abuso infantil y el asesinato de un niño, dejan a las claras el riesgo real de abuso e incluso muerte, en el contexto en que la justicia de Córdoba ha abandonado a este niño.”
El texto hacía alusión al caso de Lucio Dupuy, utilizando una tragedia nacional para justificar el accionar del femicida y reforzar la idea de que las mujeres son responsables de la violencia que padecen.
Una red que normaliza la misoginia digital
“Varones Unidos” forma parte de una comunidad virtual que reproduce discursos de odio hacia el feminismo y los movimientos de igualdad. En foros y redes, sus seguidores sostienen teorías conspirativas sobre la “ideología de género” y promueven la idea de que los hombres son “víctimas del sistema judicial”.
Lejos de ser un fenómeno aislado, estas plataformas actúan como espacios de radicalización machista, donde la frustración personal se transforma en resentimiento social y, en algunos casos, en justificación de la violencia.
La conexión entre la violencia online y el crimen físico
La historia de Luna Giardina muestra cómo las narrativas digitales pueden tener consecuencias mortales. El discurso de “Varones Unidos” no solo buscó invalidar sus denuncias, sino que construyó un contexto simbólico de impunidad para el agresor, quien se sintió respaldado por una comunidad que aplaudía su supuesto rol de víctima.
Según especialistas en violencia de género, estas prácticas configuran un nuevo patrón: los agresores ya no actúan solo en silencio o en el ámbito doméstico, sino que exhiben, justifican y difunden sus abusos como actos de “resistencia masculina”.
Un espejo oscuro de la sociedad digital
El caso reabre el debate sobre los límites de la libertad de expresión en internet y la responsabilidad de las plataformas que alojan contenidos de odio. Organizaciones feministas y de derechos humanos exigieron que se investigue el rol de estas redes en la instigación indirecta de la violencia.
El doble femicidio de Córdoba no fue solo el final de una historia personal: fue la consecuencia extrema de un entramado ideológico que se alimenta del desprecio hacia las mujeres y de la banalización de la violencia de género.