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La candidatura de Manuel Adorni como legislador porteño se transformó en mucho más que un debut electoral. Es una jugada de alto riesgo con múltiples implicancias para el gobierno de Javier Milei, que se juega este domingo algo más que un resultado en la Ciudad de Buenos Aires: la posibilidad de consolidarse como la única fuerza del antikirchnerismo o quedar atrapado en una interna sin resolver, en pleno año electoral.
El vocero presidencial, convertido en el rostro más visible del oficialismo después del propio Presidente, es mucho más que un candidato testimonial. Adorni es el “apóstol” de Milei, el intérprete del credo libertario y, sobre todo, el protegido de Karina Milei, artífice de la estrategia de disputar al PRO su histórico bastión político. Que Adorni gane, o al menos supere a la candidata macrista Silvia Lospennato, será leído como una validación del “plan Karina” de construir una fuerza propia sin depender de antiguos aliados.
Los libertarios saben que este domingo no está en juego una simple banca en la Legislatura. En su lectura, se trata de una batalla simbólica por el liderazgo del espacio opositor a nivel nacional. El objetivo es ocupar definitivamente el lugar que durante años monopolizó Juntos por el Cambio, ahora debilitado. “Si no nos va bien ahora y en octubre, todo lo que hicimos no sirve de nada”, reconoció un funcionario libertario en off.
Por eso, el propio Milei se metió de lleno en la campaña de Adorni y decidió no viajar a Roma a la entronización del Papa León XIV. Prefirió quedarse en el país para seguir de cerca el escrutinio desde el búnker libertario y marcar con su presencia que esta elección es, en cierto modo, un plebiscito interno del Gobierno.
El meteórico ascenso de Adorni es una historia conocida en los pasillos de Casa Rosada. De polemista en redes a vocero oficial, y de ahí a candidato, su evolución estuvo marcada por una cercanía absoluta con los hermanos Milei. Con Karina, en particular, tejió un vínculo de confianza que lo convirtió en una de las figuras centrales del esquema comunicacional y político del oficialismo.
Macarena Rodríguez y Manuel Adorni; ella es subsecretaria de prensa e integró la comitiva al Vaticano
Karina Milei lo respaldó, lo empoderó y, finalmente, lo empujó a la arena electoral. Fue su forma de “jugar fuerte” en una elección que podía haber pasado desapercibida. Pero no lo fue: desde que se decidió competir contra el PRO, la contienda en CABA se transformó en una lucha estratégica por el futuro del espacio libertario.
El objetivo inmediato de Adorni no es vencer al peronismo. Leandro Santoro encabeza todas las encuestas y, aunque desde Casa Rosada dicen que hay “paridad”, el foco libertario está en dejar tercero a Juntos por el Cambio. Si la boleta de Adorni supera a Lospennato, será un triunfo político para Karina Milei. Si queda por debajo, el resultado será usado por el macrismo para demostrar que sigue siendo competitivo en su propio terreno.
Es también un mensaje hacia dentro: los distintos sectores del oficialismo —desde “Las Fuerzas del Cielo” juveniles hasta los armadores territoriales que responden a Martín Menem y Sebastián Pareja— están mirando con lupa el resultado para posicionarse en la interna. Todos quieren ser el “nuevo Adorni” de Milei, especialmente pensando en el armado de listas para octubre.
La campaña del vocero estuvo completamente nacionalizada. Sin propuestas claras para la Ciudad, Adorni apostó por el discurso confrontativo y la polarización con el kirchnerismo, dejando en segundo plano los problemas porteños. Fue una decisión táctica avalada por Karina y el consultor Santiago Caputo, quien bajó línea desde el inicio: la campaña debía girar en torno a la figura de Milei y su proyecto nacional.
El cierre de campaña con el Presidente a su lado y el discurso contra los “amarillos fracasados” fue un ejemplo de ese enfoque. En paralelo, el debate interno por el armado bonaerense se recrudece. La interna libertaria está abierta y el resultado del domingo puede definir el equilibrio de fuerzas entre los distintos sectores.
Gane o no, Adorni es ya una figura instalada. Pero el domingo puede marcar el punto de inflexión que necesita el oficialismo para confirmar su expansión. Si triunfa, el “modelo Karina” se consolida y el macrismo queda aún más arrinconado. Si pierde o empata en un segundo puesto, se abrirán interrogantes sobre la estrategia de confrontación con antiguos aliados.
Milei, que apuesta todo al “shock de liderazgo” y a la narrativa de la épica libertaria, también expone su liderazgo. No hay margen para retrocesos: después del domingo, lo que venga será más pelea interna, más armado territorial y más presión por mostrar resultados económicos. Pero primero, hay que pasar la prueba porteña.
Y en ese tablero, el nombre de Manuel Adorni puede ser el primero de una nueva serie… o una apuesta que se quedó corta.