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Neuquén AR

El nuevo mapa exportador argentino: energía, minería y agro impulsan una oportunidad histórica

El país podría superar los USD 100.000 millones en exportaciones durante 2026 y alcanzar los USD 180.000 millones en 2035. Vaca Muerta, la minería, el agro y la economía del conocimiento aparecen como los motores de esa expansión. El desafío será convertir el ingreso de divisas en inversiones, empleo y desarrollo sostenido.

 

 

La Argentina se encuentra frente a una oportunidad económica que no debería desaprovechar. Después de décadas de pérdida de participación en el comercio internacional, las exportaciones comenzaron a recuperar terreno y las proyecciones privadas anticipan un crecimiento significativo durante los próximos años.

El dato es relevante. Según un estudio elaborado por Marcelo Elizondo, presidente del Capítulo Argentino de la International Chamber of Commerce (ICC) y director general de DNI Consultores, las ventas argentinas al exterior podrían superar por primera vez los 100.000 millones de dólares en 2026 y acercarse a los 180.000 millones anuales en 2035.

Pero detrás de esas cifras aparece una discusión más profunda: ¿será capaz la Argentina de transformar su mayor capacidad exportadora en una mejora sostenida de las condiciones económicas y sociales?

La pregunta resulta especialmente importante para Neuquén, una provincia que se ha convertido en protagonista de la nueva matriz exportadora a partir del crecimiento de Vaca Muerta.

El incremento de las ventas externas constituye una señal favorable. Sin embargo, no alcanza por sí solo para garantizar más empleo, mejores salarios, desarrollo industrial o una distribución territorial equilibrada de los beneficios.

Una recuperación después de décadas de retroceso

La participación argentina en las exportaciones mundiales cayó desde el 0,81% registrado en 1960 hasta el 0,29% de 2023, su nivel más bajo en la serie histórica considerada por el informe.

Ese deterioro refleja una dificultad persistente del país para integrarse de manera competitiva y sostenida al comercio internacional.

Mientras otras economías latinoamericanas ampliaron sus exportaciones durante las últimas décadas, la Argentina avanzó a un ritmo considerablemente menor.

Entre 2000 y 2025, las ventas externas argentinas multiplicaron su valor nominal por 2,78, frente a una expansión de 5,92 veces para América Latina en su conjunto.

La comparación expone una pérdida de oportunidades que atravesó gobiernos de diferentes orientaciones políticas.

Las restricciones cambiarias, la inestabilidad macroeconómica, los problemas de infraestructura, las dificultades para acceder al financiamiento y los cambios frecuentes en las reglas comerciales forman parte de un escenario que condicionó durante años las decisiones de inversión.

También influyeron factores externos, como los ciclos de precios internacionales y las condiciones de los mercados de destino.

La recuperación reciente merece ser destacada, pero necesita analizarse en perspectiva.

En 2023, la sequía afectó severamente la producción agropecuaria y las exportaciones. La normalización de las cosechas explica una parte importante del repunte posterior.

Por lo tanto, no todo el crecimiento registrado desde 2024 puede atribuirse a transformaciones estructurales de la economía.

Vaca Muerta y el nuevo protagonismo de Neuquén

La expansión energética introduce, sin embargo, un cambio de mayor alcance.

Durante décadas, la Argentina enfrentó dificultades recurrentes para sostener su abastecimiento energético y debió destinar divisas a la importación de combustibles.

El desarrollo de Vaca Muerta modificó progresivamente ese escenario y abrió la posibilidad de consolidar un perfil exportador de petróleo y gas.

Para Neuquén, este proceso representa una transformación económica de enorme magnitud.

La actividad hidrocarburífera impulsa inversiones, demanda servicios especializados, genera ingresos fiscales y promueve la construcción de infraestructura.

El oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), cuya entrada en operación está prevista para 2027, constituye uno de los proyectos centrales para ampliar la capacidad de transporte y exportación de petróleo.

Las estimaciones sectoriales mencionan un potencial de exportaciones asociado al desarrollo de esta infraestructura de hasta 15.000 millones de dólares anuales.

No obstante, ese volumen constituye una proyección condicionada por la capacidad operativa, los niveles de producción, los precios internacionales y la evolución de la demanda.

Algo similar ocurre con los proyectos destinados a exportar gas natural licuado, que requieren inversiones de gran escala y plazos de ejecución prolongados.

La oportunidad es concreta, pero los resultados futuros no están garantizados.

Y existe otro aspecto que Neuquén conoce especialmente bien: el crecimiento de la producción petrolera no resuelve automáticamente las necesidades de infraestructura y servicios de las ciudades donde se desarrolla la actividad.

Añelo es uno de los ejemplos más evidentes de esa contradicción.

El dinamismo económico convive con demandas crecientes de viviendas, caminos, servicios públicos y equipamiento urbano.

Por eso, el verdadero desafío no consiste solamente en exportar más petróleo, sino en lograr que una parte creciente de esa riqueza se traduzca en desarrollo regional.

El riesgo de una economía exportadora desconectada del mercado interno

La Argentina puede incrementar significativamente sus exportaciones y, al mismo tiempo, mantener dificultades en sectores de su economía orientados al consumo interno.

No existe una relación automática entre el ingreso de divisas y la recuperación del poder adquisitivo de los salarios.

Tampoco entre el aumento de las ventas externas y la creación de empleo en todos los sectores productivos.

La energía y la minería son actividades intensivas en capital, con inversiones importantes y alta productividad, pero no necesariamente generan empleo directo en la misma proporción que otras ramas económicas.

Su capacidad de impulsar el desarrollo depende, en buena medida, de los encadenamientos productivos que logren construir.

En Vaca Muerta, esto implica fortalecer a las empresas proveedoras, ampliar la participación de las pequeñas y medianas industrias, formar trabajadores y desarrollar capacidades tecnológicas locales.

También supone evitar que una parte excesiva de los bienes y servicios necesarios para los grandes proyectos deba importarse por falta de oferta nacional competitiva.

El crecimiento exportador será más beneficioso si logra integrar a otros sectores de la economía, en lugar de consolidar actividades dinámicas que funcionen de manera relativamente aislada.

Agro, minería y conocimiento: una oportunidad para diversificar

El informe de Elizondo identifica cuatro grandes motores para la expansión exportadora de los próximos años: agroindustria, energía, minería y economía del conocimiento.

Cada uno presenta oportunidades, pero también desafíos específicos.

La agroindustria continúa siendo fundamental para la generación de divisas. Su potencial de crecimiento depende de la productividad, la infraestructura logística, las condiciones climáticas y el acceso a mercados.

La minería aparece como otro sector con posibilidades de expansión, especialmente a partir del litio y los grandes proyectos de cobre.

Las estimaciones privadas contemplan exportaciones mineras de hasta 18.500 millones de dólares hacia 2030.

Sin embargo, para alcanzar esos valores será necesario concretar inversiones, completar obras y sostener condiciones operativas y ambientales adecuadas.

La economía del conocimiento representa una oportunidad diferente.

A diferencia de las actividades extractivas, su principal recurso es el capital humano.

Los servicios profesionales, el software y otras actividades tecnológicas permiten generar exportaciones sin depender exclusivamente de recursos naturales.

El sector registró ventas externas por 10.493 millones de dólares en los doce meses terminados en junio de 2026, según las cifras citadas en el informe.

Su expansión plantea la necesidad de sostener la formación universitaria, la investigación científica, la conectividad y la disponibilidad de profesionales especializados.

En este punto aparece una cuestión estratégica: un país que aspira a competir mediante servicios y tecnologías de alto valor necesita políticas estables de educación, ciencia e innovación.

Los 180.000 millones de dólares son una proyección, no un resultado asegurado

El escenario elaborado por DNI Consultores contempla exportaciones por aproximadamente 105.150 millones de dólares durante 2026, 142.900 millones hacia 2030 y cerca de 179.945 millones en 2035.

De cumplirse esa trayectoria, la participación argentina en las exportaciones mundiales podría alcanzar el 0,55%, un nivel que el país no registra desde la década de 1970.

La recuperación sería significativa, aunque todavía quedaría por debajo del peso relativo que la Argentina tenía en el comercio internacional en 1960.

Es importante señalar que estas cifras corresponden a estimaciones privadas y no a resultados confirmados.

Su cumplimiento dependerá de variables que no están completamente bajo control de la política económica argentina.

Entre ellas se encuentran los precios internacionales de los hidrocarburos y los productos agrícolas, el crecimiento de la economía mundial, las condiciones financieras, las inversiones efectivamente ejecutadas y la evolución de los acuerdos comerciales.

También influirán las decisiones internas sobre impuestos, tipo de cambio, infraestructura, financiamiento y estabilidad regulatoria.

La posibilidad de alcanzar una cifra récord de exportaciones no debería convertirse en una promesa política anticipada, sino en un objetivo sujeto a evaluación permanente.

El crecimiento necesita reglas estables y una mirada federal

Uno de los problemas históricos de la Argentina ha sido la dificultad para sostener políticas económicas de largo plazo.

Los grandes proyectos exportadores requieren horizontes de inversión que exceden ampliamente la duración de un mandato presidencial.

La construcción de oleoductos, gasoductos, puertos, instalaciones mineras y plantas industriales exige previsibilidad.

Pero la estabilidad de las reglas no debería limitarse a garantizar condiciones favorables para las grandes empresas.

También debe alcanzar a las pequeñas y medianas compañías, a los trabajadores y a las economías regionales que necesitan integrarse a esas cadenas productivas.

En ese sentido, el federalismo económico adquiere especial relevancia.

Las provincias que aportan recursos naturales y concentran buena parte de las inversiones necesitan contar con infraestructura y mecanismos que les permitan sostener su propio desarrollo.

Neuquén enfrenta ese desafío con particular intensidad.

El crecimiento de Vaca Muerta genera ingresos y oportunidades, pero también incrementa la presión sobre las rutas, los sistemas de salud, la educación, el acceso a la vivienda y los servicios urbanos.

Una estrategia exportadora exitosa debería contemplar esos costos y necesidades como parte de la planificación, no como problemas secundarios.

Exportar más debe ser el comienzo, no el objetivo final

La Argentina tiene condiciones para recuperar una participación más importante en el comercio mundial.

Cuenta con recursos energéticos, capacidad agroindustrial, potencial minero y profesionales que pueden competir en actividades de alto valor agregado.

Las perspectivas de crecimiento exportador son alentadoras y merecen ser consideradas con seriedad.

Sin embargo, la experiencia económica argentina demuestra que los períodos de abundancia de divisas no siempre se tradujeron en desarrollo sostenido.

El desafío consiste en evitar que una nueva etapa de expansión reproduzca esa historia.

Para lograrlo, será necesario que las exportaciones impulsen inversiones productivas, infraestructura, empleo de calidad, innovación y oportunidades para las economías regionales.

También será fundamental que los beneficios no queden concentrados únicamente en los sectores directamente vinculados con la generación de divisas.

La Argentina puede llegar a exportar 180.000 millones de dólares en 2035. Pero el verdadero indicador de éxito será qué país habrá construido para entonces.

Si ese crecimiento permite mejorar la productividad, ampliar el empleo, fortalecer la industria y reducir las desigualdades territoriales, la recuperación exportadora habrá representado mucho más que un récord estadístico.

De lo contrario, el país podría alcanzar cifras históricas de ventas al exterior sin resolver buena parte de sus problemas estructurales.

Esa es la discusión que debería acompañar desde ahora las proyecciones económicas. Y es especialmente relevante para Neuquén, donde una parte decisiva del futuro exportador argentino ya comenzó a tomar forma.

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