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En principio, festejaban haberse adelantado a Bullrich en la reacción. “Debe ser la primera vez”, decían. No habían visto que la senadora ya había cruzado -nuevamente- a Federico Sturzenegger por haber incluido el capítulo de tierras en el proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada (aquel que tuvieron que dar de baja para evitar que se cayera entera la batería de medidas). “Tendríamos que haber esperado que la Justicia hable como habló ahora del decreto 70 en el capítulo de tierras y recién después enviar esa ley, porque si no vamos contra nuestros propios actos”, la citó La Nación durante un evento por el 30° aniversario de la Constitución porteña.
La contraoferta oficialista se daba sin mayor consenso interno entre las otras patas políticas del oficialismo.
Aunque acallado, está latente el enfrentamiento entre los Menem y los Caputo. Y el oficialismo viene de la disputa de la semana pasada entre los encargados de la política y Economía por el recorte en el área de Discapacidad del Presupuesto.
Santiago Caputo busca evitar reeditar los conflictos, se enfoca en el tema Malvinas, que en su entorno destacan como propio, y evita meterse en otros temas que provoquen escozor. Pero hay matices.
Karina Milei, Patricia Bullrich y Martín Menem en una reunión con los senadores libertarios
En el sector de Karina la esperanza está puesta en que los aliados se sientan incentivados a oficializar un límite del 15% a la venta de tierras en lugar de ir por la derogación total del DNU. Pero la presión es fuerte, señalan otros: las dos CTA convocaron a movilizarse el martes 6 de octubre, a las 15, frente a la Corte Suprema. La CGT repudió el fallo y exigió a Diputados rechazar el decreto. Y es sólo el principio. En la Casa Rosada auguran un nueva oleada de descontento social.
Más allá de los planteos legislativos, el gran mea culpa interno del Gobierno con la Ley de Tierras hace pocas semanas fue por el aspecto narrativo con el que se encaró. Y en todos los despachos terminaron admitiendo que el oficialismo perdió la discusión en la opinión pública: hasta Tini Stoessel se le volvió en contra.
A esto se suma la preocupación por la crispación social, asociada a los últimos indicadores económicos, y a una oposición que, frente a un Gobierno debilitado por la baja de la actividad y la suba de la pobreza, se pone más hostil en el Congreso.
Ante un contexto cada vez más complicado, siguen determinados a evitar que el poder de Bullrich crezca internamente en LLA: no le van a dar el lugar que pide por encima de mesa política, donde deciden Karina y los Menem. Fue suficiente con que la sumen a los encuentros de los martes, señalan en Balcarce 50. Lo electoral y otras decisiones clave se tomarán independientemente de lo que piense y se le comunicarán cuando estén resuelta.



