Un nuevo informe revela que apenas 5 de cada 100 estudiantes vulnerables logran los contenidos mínimos en matemática al terminar la secundaria. El estudio advierte que la desigualdad educativa se profundizó en la última década, con consecuencias graves para el futuro del país.
La educación argentina atraviesa una crisis silenciosa pero devastadora. Según un relevamiento del Observatorio de Argentinos por la Educación y la Universidad Austral, el deterioro en los aprendizajes básicos, especialmente en matemática, deja en evidencia un sistema incapaz de garantizar igualdad de oportunidades.
Los datos más alarmantes muestran que, entre los estudiantes más pobres, solo el 5% logra los contenidos mínimos de matemática al finalizar la secundaria. Esto implica que miles de jóvenes egresan sin las competencias necesarias para desenvolverse en su vida adulta y laboral.
En cambio, entre los sectores de mayores ingresos, el 28% de los alumnos alcanza esos mismos estándares. La brecha refleja no solo desigualdad social, sino también un sistema educativo que no logra compensar las diferencias de origen.
La investigadora Eugenia Orlicki explicó que el informe utiliza un indicador de desigualdad de aprendizajes que compara el desempeño entre el 20% más rico y el 20% más pobre. En lengua, la distancia también existe, pero el panorama no es tan crítico como en matemática.
En primaria, por ejemplo, el 80% de los alumnos de mayor nivel socioeconómico logra los mínimos en lengua, frente a un 50% de los sectores más vulnerables. La brecha es amplia, pero al menos los aprendizajes se mantienen relativamente estables en el tiempo.
La matemática, en cambio, muestra una tendencia descendente desde 2016. Entre los estudiantes más favorecidos, el nivel de logro cayó del 54% al 28% en ocho años. En los sectores pobres, la baja fue más dramática: del 13% al 5%.
Uno de los factores que explican este deterioro es la pandemia de COVID-19. Los estudiantes que cursaron parte de la secundaria sin presencialidad tuvieron dos años de discontinuidad en una materia que requiere continuidad y acumulación de contenidos.
El informe advierte que recién en seis años será posible medir si los aprendizajes logran recuperarse o si la caída se convierte en una tendencia permanente que afectará a toda una generación.
La paradoja es que, mientras la inclusión escolar creció y cada vez más jóvenes completan la secundaria, los aprendizajes básicos no acompañan esa expansión. En matemática, la caída es tan marcada que pone en cuestión el verdadero sentido de la escolarización.
Las consecuencias de este déficit trascienden lo educativo. La falta de competencias básicas limita el acceso a empleos de calidad, dificulta la continuidad en estudios superiores y condiciona incluso la vida cotidiana, desde manejar finanzas hasta resolver problemas prácticos.
Los especialistas remarcan que la alfabetización temprana es clave para revertir esta tendencia. Si los estudiantes no comprenden lo que leen en primaria, difícilmente podrán avanzar en secundaria y enfrentar problemas complejos de matemática.
Sin embargo, no alcanza con mejorar la lectura. El desafío exige reforzar la formación de docentes de matemática, crear programas de acompañamiento para los alumnos más rezagados y diseñar políticas públicas que atiendan las desigualdades socioeconómicas.
El estudio también destaca la importancia de analizar los resultados por quintiles y no solo en promedios nacionales. Solo así se revelan las brechas ocultas que castigan a los más pobres y perpetúan un círculo de desigualdad de generación en generación.
En la Facultad de Educación de la Universidad Austral advierten que esta brecha educativa amenaza la cohesión social y el desarrollo económico del país. Una sociedad con bajos niveles de aprendizaje está menos preparada para enfrentar los desafíos del futuro.
El informe expone una verdad incómoda: la Argentina logró que más jóvenes estén dentro de la escuela, pero no consiguió que aprendan lo necesario. Y en esa contradicción se juega buena parte del futuro del país.


