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Neuquén AR

El desplome de las tecnológicas pone a prueba el futuro de la inteligencia artificial y sacude a los mercados mundiales

La fuerte caída de las bolsas de Estados Unidos y Asia abrió un interrogante sobre las valuaciones de las empresas vinculadas con la inteligencia artificial. Las restricciones que podrían imponerse a nuevos centros de datos y las dudas sobre la rentabilidad de las inversiones multimillonarias exponen los riesgos de un mercado que apostó buena parte de sus expectativas de crecimiento a una sola industria.

 

 

La inteligencia artificial se convirtió en uno de los principales motores de las bolsas internacionales. Durante los últimos años, las expectativas sobre su capacidad para transformar la economía impulsaron inversiones extraordinarias, elevaron las cotizaciones de las compañías tecnológicas y concentraron una parte significativa del entusiasmo financiero mundial.

Sin embargo, las fuertes pérdidas registradas esta semana en Wall Street y en los principales mercados asiáticos muestran que ese optimismo también tiene límites. La posibilidad de que Estados Unidos endurezca las regulaciones sobre la construcción de centros de datos abrió una nueva etapa de incertidumbre para una industria que necesita inversiones crecientes en infraestructura, energía y semiconductores.

El jueves, el índice S&P 500 retrocedió un 4,4%, mientras que el Nasdaq 100 perdió un 6,4%, con una destrucción estimada de 2,3 billones de dólares de valor bursátil. El índice de semiconductores de Filadelfia cayó un 12% en una sola jornada.

La reacción se extendió rápidamente a Asia. El Nikkei japonés registró una caída del 5,8%, el Kospi surcoreano llegó a perder un 8,8% y la bolsa de Taiwán retrocedió un 4,5%.

No se trata solamente de una corrección bursátil. Lo que empieza a discutirse es hasta qué punto las expectativas sobre el negocio de la inteligencia artificial pueden sostener las valuaciones alcanzadas por algunas de las empresas más importantes del mundo.

La inteligencia artificial enfrenta su primera gran discusión política

El resultado de las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos incorporó un nuevo factor de riesgo para las compañías tecnológicas.

La victoria de candidatos demócratas que cuestionan la expansión acelerada de los centros de datos generó preocupación entre los inversores, especialmente por la posibilidad de que se impongan restricciones a nuevas instalaciones.

En Texas, la gobernadora electa Gina Hinojosa planteó una moratoria para la construcción de estos complejos, que demandan grandes cantidades de electricidad, agua y recursos de infraestructura.

Según datos de la consultora Cleanview citados por Bloomberg, alrededor del 40% de la capacidad pendiente de desarrollo de centros de datos en Estados Unidos se ubica en estados donde gobernadores recientemente elegidos prometieron detener o revisar esos proyectos.

El dato permite comprender por qué una discusión política localizada puede tener consecuencias financieras internacionales.

La industria de la inteligencia artificial depende de una cadena de inversiones que comienza con la construcción de centros de procesamiento y continúa con la adquisición de chips, servidores, sistemas de refrigeración y capacidad energética.

Cualquier modificación importante en las condiciones para desarrollar esa infraestructura puede alterar los planes de expansión de las empresas y las expectativas de ingresos de sus proveedores.

El problema de fondo: cuánto dinero puede generar la IA

La regulación explica parte de la caída, pero no alcanza para comprender la magnitud de la reacción bursátil.

El interrogante más importante es económico: ¿cuánto tiempo necesitarán las empresas para recuperar las enormes inversiones que están realizando en inteligencia artificial?

Durante los últimos años, el mercado valoró a numerosas compañías sobre la base de expectativas de crecimiento futuro. Fabricantes de semiconductores, proveedores de infraestructura y desarrolladores de tecnología recibieron una fuerte demanda de sus acciones.

Pero existe una diferencia fundamental entre el potencial tecnológico de una innovación y la rentabilidad que finalmente puede producir.

La inteligencia artificial puede transformar procesos industriales, servicios profesionales, investigación científica y actividades comerciales. Eso no significa que todas las empresas vinculadas con su desarrollo puedan sostener indefinidamente los niveles de crecimiento que los inversores esperan.

Las caídas de Nvidia, Qualcomm y Arm, junto con las pérdidas de fabricantes asiáticos como Samsung Electronics y SK Hynix, reflejan la sensibilidad de toda la cadena tecnológica frente a cualquier revisión de esas expectativas.

Una tecnología puede tener un futuro extraordinario y, al mismo tiempo, atravesar una corrección financiera importante si sus acciones alcanzaron precios difíciles de justificar con los resultados actuales.

Cuando una industria concentra las expectativas de todo el mercado

Otro aspecto que merece atención es la concentración del crecimiento bursátil en un grupo relativamente reducido de grandes compañías tecnológicas.

Cuando esas empresas suben, impulsan a los principales índices. Pero cuando sus cotizaciones retroceden simultáneamente, el impacto alcanza a fondos de inversión, ahorristas institucionales y mercados que no necesariamente participan de manera directa en el desarrollo de inteligencia artificial.

La magnitud de las pérdidas registradas en Japón, Corea del Sur y Taiwán demuestra hasta qué punto las cadenas productivas y financieras están interconectadas.

También muestra que la diversificación geográfica no siempre protege frente a una crisis sectorial global.

Los mercados asiáticos concentran fabricantes fundamentales de chips, memorias y componentes utilizados en centros de datos. Una revisión de las inversiones previstas en Estados Unidos puede trasladarse rápidamente a sus expectativas de producción y ganancias.

La volatilidad también comenzó a afectar a fondos de cobertura, algunos de los cuales registraron pérdidas significativas y debieron revisar sus posiciones.

El riesgo, por lo tanto, no se limita a las empresas tecnológicas: una corrección prolongada podría repercutir sobre el financiamiento y las decisiones de inversión de otros sectores.

Energía, infraestructura y el impacto sobre economías como la argentina

El debate sobre la expansión de la inteligencia artificial tiene una dimensión que resulta particularmente relevante para la Argentina: la demanda energética.

Los centros de datos necesitan un suministro eléctrico continuo, confiable y de gran escala. Su crecimiento representa una oportunidad para productores de gas natural, generadores de electricidad y empresas vinculadas con infraestructura energética.

En ese escenario, Vaca Muerta aparece como un recurso estratégico por su capacidad de aportar gas natural a proyectos industriales y energéticos.

Sin embargo, la caída de las acciones tecnológicas también recuerda que las proyecciones de demanda deben distinguirse de las inversiones efectivamente comprometidas.

Si las grandes compañías revisan sus planes de expansión de centros de datos, parte de la demanda energética proyectada podría modificarse en magnitud o en plazos.

Para la Argentina, el desafío consiste en desarrollar infraestructura y capacidad exportadora con fundamentos económicos que no dependan exclusivamente del crecimiento esperado de una industria.

La evolución del precio del petróleo agrega otra variable. Mientras las bolsas asiáticas registraban fuertes pérdidas, el Brent se ubicaba cerca de los 100 dólares por barril, en un contexto internacional marcado también por tensiones geopolíticas.

Ese comportamiento demuestra que los mercados energéticos y tecnológicos pueden responder a factores diferentes, incluso cuando forman parte de una misma economía global.

¿Corrección financiera o cambio de ciclo?

Todavía es prematuro determinar si las pérdidas de esta semana representan un ajuste transitorio o el comienzo de una revisión más profunda de las valuaciones tecnológicas.

La recuperación parcial de los futuros estadounidenses y las medidas anunciadas por autoridades financieras asiáticas muestran que existen intentos de contener la volatilidad.

Pero las intervenciones destinadas a estabilizar los mercados no resuelven por sí mismas la cuestión central: si los ingresos futuros de la inteligencia artificial justificarán el volumen de capital que se está destinando a su desarrollo.

La historia económica ofrece numerosos ejemplos de innovaciones que transformaron la producción y la vida cotidiana, aunque no todas las empresas que participaron de sus primeras etapas consiguieron convertir ese avance en ganancias sostenibles.

Internet es uno de los antecedentes más conocidos. Su expansión modificó la economía mundial, pero eso no impidió que numerosas compañías tecnológicas atravesaran fuertes pérdidas bursátiles cuando las expectativas financieras se alejaron de sus resultados.

La comparación no significa que la inteligencia artificial deba recorrer el mismo camino. Sí permite distinguir dos cuestiones que suelen confundirse: el valor de una tecnología y el precio que los inversores están dispuestos a pagar por las empresas que la desarrollan.

La inteligencia artificial no necesita dejar de crecer para que sus acciones caigan. Basta con que crezca menos de lo que los mercados habían descontado.

Esa es la discusión que empieza a instalarse después de una semana de fuertes pérdidas internacionales. Y probablemente sea una de las preguntas económicas más importantes para los próximos años: no si la inteligencia artificial cambiará el mundo, sino quiénes podrán convertir esa transformación en negocios rentables y sostenibles.

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