Dólar oficial $1.495 – Dólar Turista $1.943,50 – Dólar blue $1.525 – Dólar MEP $1.512,83 – Contado con Liqui $1.567,66 Riesgo País 409  //

Neuquén AR

El crimen que terminó con la colimba: a 32 años del caso Omar Carrasco

Apareció muerto el 6 de abril de 1994, tras semanas de encubrimientos dentro del Ejército. El caso expuso la violencia en los cuarteles y derivó en el fin del servicio militar obligatorio en la Argentina.

El 6 de abril de 1994, el hallazgo del cuerpo sin vida de Omar Carrasco en un predio militar de Zapala marcó un antes y un después en la historia reciente del país. Tenía 20 años, llevaba apenas días en el Ejército y su muerte, atravesada por golpes, ocultamiento y falsificaciones, terminaría por derrumbar una institución centenaria: el servicio militar obligatorio.

Carrasco había llegado a comienzos de marzo al Grupo de Artillería de Montaña 161, en Neuquén. Como miles de jóvenes de su generación, había sido convocado a cumplir con la llamada “colimba”, un sistema de conscripción vigente desde principios del siglo XX. Su familia lo visitó pocos días después, pero en el cuartel les dijeron que había desertado. No lo volvieron a ver con vida.

Una desaparición que encendió las sospechas

La versión oficial nunca convenció. Para sus padres, la idea de una fuga resultaba inverosímil. Denunciaron la desaparición y comenzó una búsqueda que, durante semanas, estuvo atravesada por contradicciones y silencios dentro de la estructura militar.

El desenlace llegó un mes después. El cuerpo fue encontrado a pocos metros del cuartel, en un sector que ya había sido rastrillado. Estaba oculto, con signos evidentes de haber sido movido. La escena, lejos de cerrar el caso, abrió una trama mucho más profunda.

Golpes, castigos y muerte

Los peritajes forenses desmintieron de inmediato la hipótesis inicial de muerte por exposición al frío. El cuerpo presentaba lesiones múltiples: costillas fracturadas, daño pulmonar severo y signos de una golpiza brutal.

La investigación judicial reconstruyó que Carrasco había sido víctima de castigos físicos dentro del cuartel, prácticas conocidas como “baile”, utilizadas como forma de disciplinamiento. Según se probó en el juicio, fue golpeado por superiores y soldados más antiguos hasta quedar gravemente herido.

Lejos de recibir atención adecuada, permaneció oculto durante horas en estado crítico. Los peritos concluyeron que agonizó durante al menos dos días y que una intervención médica oportuna podría haberle salvado la vida.

El encubrimiento

Tras la agresión, el caso quedó envuelto en maniobras de encubrimiento. Se detectaron documentos adulterados, registros médicos falsos y hasta la creación de identidades ficticias para justificar movimientos dentro del hospital militar.

La desaparición fue presentada como una deserción y el cuerpo apareció semanas después en un lugar ya inspeccionado, lo que reforzó la hipótesis de ocultamiento deliberado.

El escándalo creció con el avance de la causa y generó una conmoción social sin precedentes, que puso bajo la lupa el funcionamiento interno de las Fuerzas Armadas.

Condenas y deudas pendientes

En 1996, la Justicia condenó al subteniente Ignacio Canevaro a 15 años de prisión como autor del homicidio. También fueron sentenciados dos soldados por su participación en la golpiza, mientras que un suboficial recibió una pena menor por encubrimiento.

Sin embargo, una parte clave de la investigación, centrada en las responsabilidades superiores y el encubrimiento institucional, quedó sin resolución tras la prescripción de la causa en 2005.

El fin de la “colimba”

El impacto político fue inmediato. Ese mismo año, el entonces presidente Carlos Menem firmó el decreto que eliminó el servicio militar obligatorio en la Argentina.

La medida puso fin a un sistema instaurado en 1901, que durante décadas había sido una práctica extendida y naturalizada. El caso Carrasco expuso, como nunca antes, los abusos y la violencia que podían esconderse detrás de esa estructura.

Una marca en la memoria colectiva

A más de tres décadas, el caso sigue siendo un símbolo. No solo por la tragedia de un joven que no volvió a su casa, sino por lo que reveló: una lógica de disciplinamiento basada en la violencia, sostenida por el silencio institucional.

La muerte de Omar Carrasco no solo conmovió al país. También forzó un cambio estructural que modificó para siempre la relación entre el Estado y los ciudadanos en materia de defensa.

El fin de la “colimba” fue, en gran medida, consecuencia directa de aquel crimen. Una decisión histórica nacida de una tragedia que aún hoy sigue interpelando a la sociedad argentina.

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp