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TotalEnergies está construyendo en la Argentina una estrategia que permite observar hacia dónde se mueve una de las grandes compañías energéticas globales: mientras mantiene a Vaca Muerta como uno de sus principales activos para producir gas, acaba de asegurarse buena parte de la futura producción argentina de combustible sostenible para aviones.
Los dos negocios parecen diferentes, pero forman parte de una misma transformación.
La compañía francesa continúa apostando al gas natural argentino y, al mismo tiempo, busca ampliar su participación en combustibles con menor huella de carbono para abastecer un mercado aeronáutico que enfrentará exigencias ambientales cada vez mayores.
El último movimiento se conoció este miércoles: Santa Fe Bio, la sociedad integrada por YPF y Essential Energy, firmó un acuerdo de largo plazo con TotalEnergies para comercializar la mayor parte de las 170.000 toneladas anuales de SAF y HVO que proyecta producir en San Lorenzo, Santa Fe.
El contrato convierte a la petrolera francesa en una pieza fundamental para que el proyecto argentino pueda avanzar hacia su etapa de financiamiento.
La nueva operación encuentra a TotalEnergies con una presencia de décadas en el país y una posición especialmente relevante en la producción de gas.
En Neuquén participa del desarrollo de Aguada Pichana Este y San Roque, dos áreas vinculadas con la explotación de gas no convencional de Vaca Muerta.
La compañía también opera otros activos hidrocarburíferos en Argentina y construyó una posición que la ubica entre los principales productores privados de gas del país.
Por eso, el acuerdo con YPF no implica una sustitución del negocio fósil por el renovable.
Muestra algo diferente: la compañía busca participar simultáneamente de los hidrocarburos que sostienen actualmente la oferta energética y de los combustibles que podrían ganar participación durante las próximas décadas.
El gas de Vaca Muerta ocupa un lugar particular dentro de esa estrategia.
Las grandes compañías energéticas consideran al gas natural un combustible relevante para acompañar la transición, especialmente por su capacidad para reemplazar fuentes con mayores emisiones y complementar sistemas eléctricos con creciente participación de energías renovables.
El desafío de la aviación es diferente.
A diferencia del transporte terrestre, donde avanzan rápidamente los vehículos eléctricos, reemplazar el combustible líquido utilizado por los aviones comerciales resulta considerablemente más complejo.
Allí aparece el SAF —Sustainable Aviation Fuel—, que puede utilizarse en combinación con combustibles convencionales y reducir sustancialmente las emisiones durante su ciclo de vida, dependiendo de la materia prima y del proceso utilizado.
TotalEnergies ya participa de ese mercado internacional y ahora pretende incorporar producción argentina a su cadena de abastecimiento.
La decisión no responde solamente a objetivos ambientales de las compañías.
Europa estableció obligaciones crecientes para incorporar combustibles sostenibles en la aviación.
La normativa comunitaria fija una participación mínima que llegará al 6% en 2030 y aumentará progresivamente hasta alcanzar niveles mucho mayores hacia 2050.
Eso genera una demanda que las empresas necesitan garantizar con años de anticipación.
TotalEnergies proyecta superar las 500.000 toneladas anuales de producción de SAF en 2028 y se fijó como objetivo participar con más del 10% del combustible sostenible utilizado en Europa antes de finalizar esta década.
La producción argentina puede incorporarse a ese esquema.
La operación tiene otra lectura desde la petrolera argentina.
YPF está concentrando una parte creciente de sus recursos en Vaca Muerta, especialmente en el desarrollo del petróleo no convencional y en la infraestructura necesaria para aumentar las exportaciones.
La estrategia incluyó durante los últimos años una revisión de activos convencionales para liberar capital y concentrarlo en proyectos de mayor productividad.
Pero eso no significa abandonar otros negocios energéticos.
El proyecto de Santa Fe Bio muestra una segunda vía: utilizar infraestructura industrial existente y asociarse con una empresa especializada para ingresar en un mercado que YPF hasta ahora no explotaba.
La futura biorrefinería demandará una inversión superior a US$400 millones y tendrá capacidad para producir alrededor de 170.000 toneladas anuales de SAF y HVO.
La puesta en marcha está prevista hacia fines de 2029.
El contrato tiene además una función financiera.
Una inversión de más de US$400 millones necesita demostrar que tendrá ingresos suficientes para devolver el capital utilizado en su construcción.
Por eso, el compromiso de compra de TotalEnergies permite estructurar el proyecto mediante un esquema de project finance, donde los futuros flujos generados por el emprendimiento constituyen una de las principales garantías para conseguir financiamiento.
Tener anticipadamente un comprador internacional de escala vuelve al proyecto más viable para obtener crédito y atraer capital.
Santa Fe Bio también prevé presentar la iniciativa para acceder al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).
La combinación de negocios permite observar un fenómeno particularmente relevante para Neuquén.
La transición energética mundial no está produciendo, al menos por ahora, un abandono inmediato de los hidrocarburos por parte de las grandes compañías.
TotalEnergies puede desarrollar gas no convencional en Vaca Muerta, participar de proyectos renovables y, simultáneamente, asegurarse combustible sostenible producido a partir de aceites vegetales, residuos y grasas animales.
Cada negocio responde a una demanda diferente.
El gas neuquino busca abastecer el consumo doméstico, la industria y eventualmente ampliar las exportaciones. El SAF argentino apunta fundamentalmente a Europa y Estados Unidos, mercados donde las regulaciones ambientales están creando una demanda creciente.
La operación entre YPF y TotalEnergies muestra así algo más que el nacimiento de una biorrefinería en Santa Fe.
Una de las compañías más importantes de Vaca Muerta está construyendo en Argentina una cartera en la que conviven el gas no convencional, las energías renovables y los nuevos combustibles.
Y para Neuquén deja una señal relevante: en la estrategia de las grandes petroleras, Vaca Muerta no aparece necesariamente enfrentada a la transición energética, sino integrada a un negocio cada vez más diversificado.