
Un nuevo episodio de tensión se sumó este fin de semana a la interna de La Libertad Avanza, cuando la diputada nacional Lilia Lemoine apuntó directamente contra la vicepresidenta Victoria Villarruel. El motivo fue su visita a la provincia de Corrientes, donde compartió un acto público con el gobernador Gustavo Valdés, quien impulsa a su hermano para competir en las elecciones provinciales, en oposición al peronismo y también a los candidatos libertarios.
La crítica de Lemoine se expresó en redes sociales y fue tan directa como inquietante: “¿Qué mensaje acaba de dar la vice hoy? O más bien, ¿qué nos acaba de confirmar?”, escribió, sin disimular su malestar por lo que consideró un mensaje político equívoco de parte de Villarruel. La acusación implícita: que la vicepresidenta estaría promoviendo un armado político propio, por fuera del esquema de Javier Milei y su entorno más cercano.
El señalamiento de Lemoine no es un hecho aislado. Desde hace meses, los rumores sobre tensiones dentro del oficialismo entre los sectores liderados por el Presidente y los de la vicepresidenta se intensifican. Villarruel, con base política propia y llegada a sectores del conservadurismo más tradicional, ha cultivado relaciones que inquietan a parte del entorno presidencial, donde Lemoine actúa como una de las voceras más activas y radicalizadas.
El escenario correntino, además, tiene una relevancia estratégica. Con elecciones provinciales por delante, los respaldos políticos se vuelven decisivos y la foto con Valdés fue leída como una toma de posición clara, que desacomoda al oficialismo nacional. Lemoine insinúa que Villarruel no solo se desmarca, sino que lo hace en momentos donde se define la solidez del armado libertario de cara a los próximos turnos electorales.
Aunque Villarruel evitó responder públicamente a los cuestionamientos, el gesto en Corrientes quedó instalado como una provocación para parte del mileísmo. Las diferencias, que venían siendo soterradas, empiezan a tomar visibilidad con declaraciones directas y reproches cruzados. El partido gobernante, que llegó al poder con una estructura mínima, enfrenta ahora la fragilidad de una interna que amenaza con desbordarse.