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La tragedia en la Ruta Nacional 22 del pasado 21 de noviembre, donde murieron cuatro integrantes de una misma familia entre Allen y Fernández Oro, volvió a poner en primer plano la crisis de siniestralidad vial en Río Negro. Dos mujeres y dos niños perdieron la vida en un choque que combinó el intenso tránsito del corredor, su deterioro crónico y una cadena de fallas humanas que resultó decisiva. El caso reabrió un debate urgente sobre seguridad, planificación y responsabilidades que las estadísticas oficiales no hacen más que reforzar.
El subsecretario de la Agencia Provincial de Seguridad Vial, Marcelino Di Gregorio, señaló que el exceso de velocidad y la negligencia al volante son factores determinantes en la mayor parte de los siniestros. Para el funcionario, la tragedia del Alto Valle muestra nuevamente que “si se respetara la velocidad segura para circular, se habrían evitado muchos siniestros viales y muertes inútiles en la vía pública”. Una advertencia que cobra fuerza en un contexto donde la mortalidad se mantiene en niveles críticos y donde la conducta individual sigue siendo el punto más débil del sistema vial.
Según el Observatorio Provincial de Seguridad Vial, entre enero y julio de 2025 se produjeron 48 muertes en 35 siniestros fatales, tres más que en el mismo período del año anterior. De ese total, 30 ocurrieron en rutas nacionales, 9 en rutas provinciales y 9 en ejidos municipales. La cifra evidencia un promedio de ocho fallecimientos por mes, un dato que, aun sin la carga emocional de cada caso, confirma una problemática estructural que se repite año tras año sin avances significativos.
Las rutas nacionales, epicentro de los siniestros
Los informes oficiales muestran que las rutas nacionales que atraviesan la provincia concentran el mayor riesgo. En 2023, el año más trágico de la última serie, se registraron 55 víctimas fatales en 47 siniestros, con un 56% de las muertes también sobre corredores nacionales. La sargento ayudante Iris Fredes, coordinadora del Observatorio, precisó que la información se construye a partir de los registros del Departamento de Tránsito de la Policía y que la tendencia se mantiene estable, con picos particularmente altos en la Ruta 22.
La asociación civil Luchemos por la Vida confirma esta tendencia a nivel nacional: en Río Negro se registraron 106 muertes por siniestros de tránsito durante todo 2024, mientras que en el país la cifra ascendió a 5.908 fallecimientos. El promedio nacional implica 16 muertes por día, un número que, trasladado a la escala provincial, refleja una problemática que no logra revertirse.
La Ruta 22 representa, además, un capítulo especial. Entre 2020 y 2023 hubo 407 víctimas de siniestros viales solo en este corredor, con 79 muertes y 121 personas que quedaron con lesiones graves. Una de cada cinco víctimas involucradas perdió la vida, y más de la mitad de los fallecidos tenía menos de 40 años. Se trata de un tramo con tránsito pesado, demoras estructurales en obras pendientes y un nivel de exposición que multiplica los riesgos.
El factor humano como causa determinante
A diferencia de otras problemáticas viales más vinculadas a fallas estructurales del sistema, en Río Negro los técnicos coinciden en que el componente humano es decisivo. Di Gregorio remarca que las rutas deterioradas y los desperfectos mecánicos influyen, pero están lejos de ser el factor principal. El consumo de alcohol aparece como una causa gravísima, al punto que varios siniestros recientes, incluida la tragedia de la familia de Catriel, tuvieron imputaciones por conducción bajo efectos del alcohol y de las drogas.
El funcionario describe un patrón que se repite: la combinación de exceso de velocidad, distracción por uso de teléfonos celulares y maniobras inseguras como adelantamientos sin visibilidad adecuada o cálculos incorrectos de distancia y velocidad. También menciona el fenómeno del “dormitar”, una condición que suele desencadenar choques frontales cuando el conductor invade el carril contrario. Para evitar esta situación, recomienda no superar las dos horas continuas de manejo en viajes extensos.
Otro indicador preocupante es la alta proporción de vuelcos, una categoría que revela maniobras previas fallidas, pérdida de control y velocidades claramente superiores a las recomendadas. La relación entre el comportamiento individual y la dinámica del tránsito vuelve a ser central en este tipo de episodios, donde el margen de reacción suele reducirse a apenas segundos.
El desafío de la prevención y el rol del Estado
Las autoridades insisten en que la prevención es la herramienta más efectiva, pero que para funcionar necesita de un Estado presente. Di Gregorio señala que el control de alcoholemia, el mantenimiento adecuado de las rutas, la fiscalización de velocidades y la obligatoriedad de elementos de seguridad son políticas irrenunciables. En paralelo, destaca que los conductores deben comprender la relación entre velocidad y distancia recorrida, un concepto básico que define los tiempos de reacción y los riesgos en sobrepasos y frenadas.
La combinación entre controles estatales y responsabilidad ciudadana aparece como la única vía posible para reducir la siniestralidad. En un contexto donde las tormentas económicas suelen desplazar las prioridades, la seguridad vial queda relegada, aunque los datos muestran que es una de las principales causas de muerte evitable en la provincia y el país. La tragedia de la Ruta 22 y las cifras del primer semestre refuerzan la urgencia de políticas sostenidas, inversiones claras y campañas que interpelen a una sociedad que naturaliza cifras que deberían ser inaceptables.
Las estadísticas muestran un problema crónico; los casos concretos, un drama humano irreparable. Cada número es una historia truncada y una familia quebrada. El desafío para Río Negro será encontrar un equilibrio entre gestión estatal, prevención social y educación vial para que los 48 nombres del primer semestre de 2025 no queden solo en un registro, sino en un punto de inflexión hacia rutas más seguras y una conducción más consciente.