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El crimen fue atribuido a una fracción del Cártel del Golfo y ya hay nueve detenidos.
El último registro de los músicos los ubicó cruzando el Puente Internacional McAllen–Hidalgo–Reynosa, límite entre Estados Unidos y México. Desde ese momento, sus familias no volvieron a tener contacto. La Fiscalía estatal confirmó que fueron interceptados y obligados a dirigirse a un predio en la colonia Aquiles-Cerdán, donde, se presume, fueron ejecutados.
La Fiscalía de Tamaulipas desplegó un operativo conjunto entre fuerzas estatales, federales y el Ejército. Mediante análisis de videovigilancia y geolocalización de sus teléfonos móviles, lograron reconstruir el recorrido forzado que hicieron los músicos antes de ser asesinados.
En el lugar del hallazgo se recolectaron indicios que permiten sostener la hipótesis del crimen, aunque aún no se han difundido detalles forenses ni la confirmación oficial de las identidades a través de peritajes. Se incautaron nueve armas de fuego y dos vehículos en el marco de los procedimientos.
Nueve personas fueron arrestadas y se confirmó su pertenencia a la célula “2 metros” del Cártel del Golfo, una facción que opera en Reynosa. Esta organización criminal ha sido recientemente catalogada como grupo terrorista por autoridades estadounidenses debido a su violencia sistemática.
El fiscal general de Justicia de Tamaulipas, Irving Barrios Mojica, detalló que aún se analiza el móvil del crimen, pero no descartó que se trate de una represalia o una negativa a colaborar con el narcotráfico.
Las víctimas fueron identificadas como:
Carlos González, otro integrante de la banda, salvó su vida al llegar tarde al evento.
Los familiares y colegas de los músicos expresaron su indignación por la información confusa y, según denunciaron, engañosa por parte del gobierno estatal. Sony Bernal, exesposa de uno de los integrantes, criticó duramente al gobernador Américo Villarreal Anaya por minimizar el caso y pedir “no exagerar”.
Las protestas incluyeron bloqueos en el Puente Internacional Reynosa–Pharr y manifestaciones frente a la alcaldía, donde músicos de otros grupos exigieron justicia.
La violencia narco en México también ha alcanzado al ámbito artístico. En reiteradas ocasiones, grupos criminales han amenazado a músicos del género regional mexicano para que compongan e interpreten narcocorridos, canciones que exaltan la figura de líderes criminales. Muchos de estos artistas, especialmente en zonas controladas por el crimen organizado, enfrentan presiones para alinearse con determinadas facciones o callar.
El caso del Grupo Fugitivo vuelve a poner de manifiesto la fragilidad de las condiciones de seguridad en regiones donde el poder narco impone sus reglas, incluso sobre el arte y la cultura popular.